27 julio 2009

Zelaya: Siempre imprudente

Benjamín Santos

Benjamín Santos

Tradicionalmente se ha considerado que la principal cualidad de un político es la prudencia. Prudente es sinónimo de cauto, cuidadoso, previsor. Significa tener los pies sobre la tierra. Saber lo que se puede y no se puede, lo que se debe y no se debe hacer, lo que es posible y lo que no lo es. En ese sentido se ha definido desde Aristóteles la política como el arte de lo posible, que algunos han mejorado como el arte de hacer posible lo imposible.

Zelaya en su vida pública ha sido siempre imprudente. Desde montar en un caballo al presidente de China Taiwan en la última visita de Estado hasta improvisarse buzo en el mar Caribe supuestamente para atraer el turismo. Desde volar en el F-5 sólo para demostrar su valor olanchano hasta impulsar contra viento y marea el proyecto de la Asamblea Nacional Constituyente que lo condujo al fracaso. Desde introducir extemporáneamente un esquema de lucha de clases para confrontar a los hondureños en ricos y pobres, revolucionarios y conservadores hasta autorizar a la comisión que lo representaba en Costa Rica a dar por fracasado el diálogo sólo para viabilizar un ingreso forzado al territorio nacional buscando convertirse en víctima y recuperar protagonismo.

Ser prudente no es ser cobarde, aunque la cobardía puede disfrazarse de prudencia. El cobarde no corre ningún riesgo por miedo. El prudente asume riesgos en forma calculada. Si el fracaso y el éxito se encuentran en la misma línea de posibilidades, prefiere aplazar el segundo antes de caer en el primero. En el caso del líder el cálculo tiene que tomarse con mayor esmero, porque no sólo compromete su vida personal sino también la vida, la familia y los bienes de sus seguidores.

¿Cuántos y cuántas veces le advertimos a Zelaya que iba por camino equivocado, que Honduras no es Venezuela, que los cabezas calientes, políticos imberbes, que lo rodeaban, lo iban a llevar al fracaso? Lo hacíamos por su bien y sobre todo por el bien de Honduras. Personalmente y sólo por vía de ejemplo escribí artículos como Del Alba al ocaso, No a la cuarta urna, El itinerario de la cuarta urna, ¿Qué le pasó, señor Presidente? y otros en los cuales sin ser adivino advertimos lo que podía pasar y pasó con las consecuencias que estamos viviendo. Sólo ganamos que nos echaran en el mismo costal de los conservadores, pitiyanquis y miembro de los grupos fácticos de poder.

Ahora nos encontramos con la más grande de las imprudencias del ex presidente. Al momento de escribir este comentario ha salido de Managua acompañado del canciller de Venezuela a la cabeza de una caravana de 30 vehículos. Antes dio una conferencia de prensa acompañado del Comandante Cero que suponemos ahora es cero comandante, porque cuando tomó con un grupo guerrillero el palacio legislativo de Managua, acción que lo encumbró a la fama, era un muchacho, pero de eso hace más de 30 años.

Con su acción Zelaya quizá esté inspirado en la acción del Dr. Policarpo Bonilla quien en la última década del siglo 19 recién fundado el Partido Liberal y con el apoyo del presidente de Nicaragua José Santos Zelaya entró al territorio hondureño provocando la guerra civil que lo condujo después al poder. El único problema es que la situación de fines del siglo 19 no se parece a la situación de principios del siglo 21, Bonilla era líder del Partido Liberal y Zelaya renunció a su liberalismo para afiliarse a la izquierda populista, el liderazgo de Bonilla estaba fresco e inmaculado, Honduras tenía medio millón de habitantes dispersos en todo el país mientras ahora somos siete millones y medio agrupados en su mayoría en centros urbanos, mejor informados, más conscientes.

Ha dicho Zelaya que espera el apoyo de las Fuerzas Armadas cuando ingrese al territorio nacional, las mismas Fuerzas Armadas que lo capturaron y sacaron en cumplimiento de órdenes emitidas por el Poder Judicial, las mismas que en un comunicado de este mismo día le han dicho que no se hacen responsables de lo que pueda pasar a personas que promueven la violencia con el fin de convertirse en mártires.

La imprudencia es hija de la ingenuidad. ¿Cómo es posible que Zelaya se haga acompañar del canciller de Venezuela sabiendo que quien lo derrocó fue su vinculación con Chávez?

Su imprudencia no le permitió a don José Manuel darse cuenta que se le dio en administración un sistema político ya diseñado en la Constitución y organizado, pero no se le autorizó para que lo cambiara a su gusto y sabor. Fue electo por una sociedad que tiene determinadas características sociológicas una de las cuales es su horror a los extremos de izquierda y de derecha lo que la define como una sociedad insatisfecha con la situación que vive y deseosa de cambios, pero siempre que sean progresivos y pacíficamente conducidos. Siempre es saludable que un gobernante conozca el sistema y la sociedad cuyo gobierno se le confía.

Nuevamente el ex presidente desafía a quienes le quieren bien. Ha sido advertido por los gobiernos de Estados Unidos, Canadá, Panamá, Costa Rica y otros que no conviene su regreso a Honduras hasta que se llegue a un arreglo negociado del problema. Si lo hace y desgraciadamente ocurren hechos violentos, perderá el apoyo que hasta ahora ha tenido de la comunidad internacional.

Si insiste en sus imprudencias, señor Zelaya, regrese a su hacienda que en nuestra vida privada podemos hacer de nuestra barriga un tambor si así lo deseamos. En la vida pública cargamos con vidas ajenas. Es distinto.

(benjamin.santos601@gmail.com)

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