02 abril 2006

Prosapia y abolengo del distinguido y honorable diputado por el partido nacional Miguel Ángel Gámez, adorador de indios y odiador de negros

El Daguerro

Por obra del gran historiador y cronista transoceánico don Miguel de los Castillos y Comayaguas hemos tenido acceso a esta información clasificada: La heráldica del apellido Gámez nos lleva, en lo más remoto de su noble genealogía, al momento en que la civilización romana fue aniquilada y reemplazada por una cultura más bárbara un poco antes del año 1000 de nuestra era en el estadio histórico conocido como Alta Edad Media. En medio de una de las invasiones de las tribus germanas aparece un tal Miquelo Gomis, botabostas italiano que había devenido prisionero y puesto bajo la coyunda del guerrero Erik Homstoketens, llamado “falda floja”, por su disposición de correr, refugiarse y defecar detrás de los árboles en plena batalla. Su sirviente Gomis, gran admirador de las razas superiores, fue identificado e hizo carrera como el mejor limpiador de bosta de caballos de toda esa precruzada y fue tal fama la que permitió la trascendencia de su genealogía. Se sabe que en Oriente Medio los descendientes de Gomis fueron los judíos de bajo abolengo pero alta habilidad profesional llamados Gomes, redactores de páginas sagradas e igualmente botabostas. Con la siguiente diáspora los Gomes llegaron a y se instalaron en la Hispania en donde, hacia 1492 habían ya cambiado su patronímico por Gómez debido a la feroz persecución de los reyes Isabel (la Calderilla) y Fernando (el Tullido) contra los judíos. Bajo ese apelativo, el tátara tatarabuelo de nuestro ilustre diputado fue trasladado a las bodegas de La Niña, la menor de las carabelas de Columbus, encendido en la gran pasión de la aventura conquistadora pero siempre recto en la epifanía de su brillante profesión de botacaca y fiel a los caballos de los conquistadores. Se dice y se sabe a ciencia cierta que nuestro Gómez nunca salió de las bodegas y por lo tanto jamás en el viaje pudo ver la mare nostrum ni el sol, a resultas de lo cual adquirió un tinte negruzco en la piel que, rejuntado con las escamas y los gusanos producidos por su costumbre de no bañarse le consolidó un singular perfil fangoso y hediondo a mierda. Cuando los españoles desembarcaron lo hicieron con sus tres mortíferas armas –la gripe común, la cruz y los caballos- y por tanto con los sirvientes que limpiaban las excrecencias de las nobles bestias. Grande y afanosa fue la impresión que Gómez causó entre los indios. Pero en cosa contraria al recibimiento floral conque se agasajó a los barbados de ojos azules, a nuestro héroe lo bautizaron con una paliza de padre y señor mío por el hecho de creerlo hijo o encarnación de los más odiosos demonios del inframundo, de tan negro y maloliente que estaba. No obstante ese primer contacto con la falsa tierra de las especies, nuestro protohombre se dio a la tarea de hacerse una persona digna y sin abandonar su delicada profesión pudo adquirir fácilmente su nuevo abolengo de cristiano viejo rancioso de lo cual le viene, ajustado a la descomunal vergueada del recibimiento, un odio acérrimo por todo lo negro. Haciéndose pasar por admirador o lameculos de los indios se afincó definitivamente en las Higueras y se cambió una vez más el nombre, para llegar a ser el señor ingeniero Mikele de todos los Ángeles Gámez, diputado de las cortes de los virreynatos; de la cual prosapia es de donde proviene nuestro grande, ilustre, inteligente, patriota y moralmente delicado ingeniero Gámez, diputado actual de nuestro Congreso Nacional, por el también botamierda partido al que pertenece.

(Texto de www.elmounstruario.com).

Marzo del 2006.

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