03 mayo 2008

Cuando el río suena…



Armando Garcia
Los políticos deben poner las bardas en remojo. Se están acercando a los tantos. Les está llegando, en esta hora cero, el agua al cuello, el minuto de ser enjuiciados por su monda vida de mentiras viejas. El pueblo hondureño, taimado, vilipendiado y todo, no está dispuesto a seguir tolerando esa cadena de nunca acabar de la corrupción y la componenda de los poderes fácticos que dominan, a la topa tolondra, todos los campos de la vida y la hacienda de este potrero republicano. La lucha de los fiscales es sólo el principio del fin de esa vida muelle que tiene la clase política de jugar con la voluntad, los dineros y los destinos de este pueblo hasta tornar el jugoso erario en su delicioso botín. La crisis de los últimos tiempos ha sido la gota que colmó el vaso. Ha llegado el momento de decirle no al cacicazgo bipartidista, al ex presidente corrupto, al ex funcionario ídem, al ex diputado mañoso, al lépero diplomático, al chafarote matarife, al mafioso jefe del organismo descentralizado, al líder de pacotilla, al capo de la droga, al compraventa de influencias, al juegamanos de las reglas del juego, al prestanombre del club del compadre hablado y a los burócratas que actualmente están pegados a la teta de la ubre estatal y actúan con felonía e impunidad. La lucha de los fiscales es el difícil chinchín en la cola del gato del bandidaje.

Los politiqueros, es decir, la descarada cara pública e impúdica de la opulenta clase dominante, han jugado tanto con la voluntad de este famélico pueblo, han hecho tantos desmadres en su componenda que ya, como los parches en el calzón del indigente, en su engañifa, no cabe un remiendo más.

Los fiscales han dado un aldabonazo. Su huelga de hambre tocó el corazón más sentido del pueblo. Campesinos, amas de casa, estudiantes, en fin, todo el conglomerado social hizo causa común con ellos. La indignación colectiva no es casual. La gente está harta de los corruptos. Ya no quiere más mentiras demagógicas. Está cansado de que esos organismos contralores del Estado sigan siendo una guarida de tapaderas, hábiles componedores y lavadores de imagen de tanto forajido que se ríe, a moco tendido, con su pandilla, con un naipe de cartas de libertad en la mano, salvoconducto oficial para seguir haciendo diabluras en su sostenible delinquir.

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