25 abril 2006

Y es así como se renuncia



Renunciar es un verbo y en el mundo de los calaveras es conjugado a veces de manera opaca y en el mundo de los vivos no avivados el renunciar lo hacen hasta brillar, que también es verbo.

La acción verbal que impone el renunciar la vemos, con los calaveras, al final del año cuando los ministros de Gobierno hacen circular, que también es verbo, hasta el despacho del ciudadano presidente de la República, quien padece de verborrea, que no es verbo, una renuncia que no es renuncia porque todos los compadres están de acuerdo en remitirla y en no aceptarla. Para qué te escribo si mañana llego.

Es una especie de juego entre calaveras democráticas en donde los espectadores somos todos los bayuncos, también democráticos, que le prestamos atención a esa verdadera mentira y que al final es una mentira verdadera propia del tercer mundo, que no está hecho de verbo sino de hambre. En diciembre le dan libertad los ministros, calaveras, al número uno, también calavera, para que disponga de sus puestos y así se sienten hasta tuanis. ¡Chistositos!

Llegamos al extremo que al verbo renunciar le ponemos apellido: irrevocable, que no es verbo sino adjetivo, resultando como nombre completo de la nota que la contiene el de: renuncia irrevocable o bien se le agrega renuncia con carácter irrevocable, como para llenarla de misterio y que tenga fuerzas ocultas que al soltarlas representen el riesgo de contaminar algo o a alguien. Renuncio con carácter irrevocable, ¡achís y éste!
Por lo general, que no es verbo ni militar sino común a todos, los funcionarios públicos no renuncian aunque sientan piedra o hasta turunca en el zapato, porque puede más aquello de pájaro en mano que ciento volando. Además, ya lo dijo aquel integérrimo del norte cantor de rancheras: vivir fuera del presupuesto es vivir en el error. Es decir, equivocados jamás, o sea la pose y la cara de maje sólo los majes, renunciar: jamás, siempre en el presupuesto, siempre con el juramento de adorar la constitución y sus mieles, digo leyes y digo cumplir no adorar, que también son verbos.

Así, en el mundo de los calaveras renuncias van y renuncias vienen y nadie las detiene, lo que es lo mismo nadie renuncia porque es parte de la desclavijada, pandureca y terebeca democracia estilo Honduras. Sin embargo y esto ocurre en el mundo de los vivos no avivados, hay quien sí renuncia, sin ponerle apellido al verbo, con sólo sentir que algo le chima, pero de esas chimaduras que sollaman hasta sacar sangre y no hay quien los detenga porque se van.

Esas renuncias hacen que las noches sean más claras y no porque haya luz proporcionada por la Enee, Empresa Nacional de Apagones Eléctricos, el sustantivo energía se cambia por la conjugación verbal de apagar, sino porque desnudan, también es verbo, cierto tipo de situaciones y da lugar a las elucubraciones del porqué se dio la renuncia, si viene de España el bombazo, de allí llegó Colón a estas tierras, o diez mil y una cosa que se inventan y circula por estéreo bemba, desde Colombia.

Si usted aceptó leer estas líneas deberá tener a mano el Diccionario de Hondureñismos de la Academia Hondureña de la Lengua o “Te conozco Mosco, Diccionario del pensamiento popular hondureño”, de Juan Ramón Saravia, no renuncie a tenerlos en casa y además, para entenderle, que también es verbo, ver la cara que pone Melcebú, que no es verbo.

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