13 mayo 2006

A propósito de El Tigre

HISTORIA RECIENTE
A propósito de El Tigre
Miguel Cáceres Rivera
Varios proyectos se han ejecutado en los últimos años en las zonas fronterizas con El Salvador y Guatemala. Entre ellos, un proyecto trinacional que se desarrolla en el área colindante con estos dos países y un binacional en que El Salvador es contraparte y que comprende los municipios sureños de Lempira e Intibucá del lado hondureño. Otro de importancia es el Lempira Sur, de los más antiguos.
     Lempira Sur ha dejado su huella ambiental. Tiene el mérito de haber reforzado y ampliado la práctica de la no quema preexistente entre los agricultores del sur del departamento. También de haber descubierto un sistema agroforestal ya utilizado por los productores locales y haber promovido su aplicación masiva. Lo llamó Quezungual, nombre de la comunidad del descubrimiento.
     Su trabajo en estas dos líneas ha tenido importantes réditos ambientales que se resumen en la mayor producción de agua de mejor calidad en la microcuenca de sus operaciones. De ella derivan cursos de agua que abastecen diversas poblaciones de Honduras y El Salvador. Con sólida información técnica recopilada sobre este impacto ambiental, Lempira Sur apoyó negociaciones con las municipalidades salvadoreñas para el pago del servicio de producción de más agua de mejor calidad prestado por los agricultores hondureños de la microcuenca. Se logró su anuencia.
     El proyecto binacional, originalmente dirigido por un miembro de una tradicional familia política de Ocotepeque, involucionó en este aspecto. Asimiló la propuesta salvadoreña de compensar el pago del servicio ambiental hondureño con la prestación de servicios educativos y de salud a compatriotas en territorio salvadoreño. Como es sabido, por falta de cobertura nacional los habitantes de muchas comunidades limítrofes reciben esos servicios al otro lado de la frontera. El discurso salvadoreño se sustentaba en la necesidad de profundizar la armonía entre los poblados binacionales fronterizos a través de la reciprocidad en los servicios. Y justamente reciprocidad es lo que menos había en su propuesta. Bastaba con valorar la cuantía del servicio ambiental y los servicios educativos y de salud para percatarse que se estaría entregando, desde este lado, miles de dólares por centavos recibidos desde el otro. Con la remuneración del servicio ambiental Honduras podría proporcionar directamente y con holgura los servicios educativos y de salud ausentes y sobraría. Y, más aún, asumiría su responsabilidad postergada con esas comunidades. Que el director político del proyecto haya tenido este desliz no es novedoso. Que haya habido el aval de su cuerpo técnico fue candidez.
     El proyecto trinacional ha acusado también síntomas de debilidad nacional. Por obligación contractual con el BID, su fuente financiera, debía formar y hacer funcionar un comité nacional que incorporara a todos los agentes sociales pertinentes involucrados en el área del proyecto, la mayoría de los cuales son familias agricultoras de ladera organizadas en patronatos, comités de agua, juntas rurales de APROHCAFE, comités locales de productores, etc. Un componente importante de la propuesta de constitución y funcionamiento del comité nacional incluía el cobro de servicios ambientales como fuente de recursos para la autosostenibilidad del proyecto después que terminara el financiamiento del BID.
Este componente debidamente consensuado con los involucrados había despertado un genuino interés en los pobladores por conservar y mejorar el estado de los recursos naturales en la parte hondureña de la cuenca del río Lempa que provee agua a colectividades hondureñas, pero principalmente salvadoreñas. Y es razonable. Frecuentemente los productores agrícolas cargan con las tareas y costos de la restauración ambiental sin que los receptores de los beneficios, aguas abajo, ofrezcan compensación alguna. El cobro de servicios ambientales venía a ser un poderoso incentivo para la acción. Prisma, una entidad ambientalista de El Salvador ha estimado el valor de esos servicios en la muy deteriorada porción salvadoreña de la cuenca en 81 millones de dólares. Ese deterioro ha puesto en riesgo el funcionamiento de cuatro empresas hidroeléctricas de ese país y el principal suministro de agua de la capital. En la porción hondureña ese valor debía ser más alto habida cuenta de su mayor tamaño y menor deterioro.
     La formación y funcionamiento del comité nacional de involucrados en cada uno de los tres países era asistido por un especialista salvadoreño. No fue de su complacencia la inclusión del cobro de servicios ambientales en la propuesta hondureña. Hábilmente destacó la prioridad de la armonía y el obstáculo que para ello podría significar el tema de los servicios ambientales para un proyecto trinacional que se iniciaba (esquivaba el hecho de que éste es una continuación de dos trinacionales anteriores). El director hondureño del trinacional sucumbió a la seducción del argumento y la manzana ambiental fue diferida a un futuro incierto y lejano.

Tegucigalpa, M. D. C, mayo, 04, 2006.

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