06 mayo 2006

“SER O NO SER”

Síntomas de fracaso

Héctor Longino Becerra


Así como cualquier organismo vivo que se encuentra desguarnecido y expuesto a sufrir las inclemencias del ambiente y sucesivamente a experimentar molestias, la estructura gubernativa del Poder Ciudadano empezó a mostrar sus primeros síntomas; pareciera que el Goliat de la corrupción ha despertado; dispuesto a romperle hasta la médula de los huesos al David de la honorabilidad, la transparencia y la justicia.

La codicia, la incapacidad administrativa, el incumplimiento de promesas, la soberbia y el tráfico de influencias, son unos de los primeros achaques que de no remediarse prestamente pueden terminar contaminando al resto del organismo gubernamental, contribuyendo de igual manera al descalabro de la administración de Manuel Zelaya Rosales. Probablemente es muy anticipado exteriorizar este extremo, pero también es muy prematuro la aparición de visos de anormalidad para pensar lo contrario.

Para ciertos personajes los escándalos acaecidos últimamente hay que tomarlos con naturalidad, pues para ellos estos hechos forman parte del folclor, del circo y del juego político al que nos han tenido acostumbrados los partidos tradicionales durante muchos años. Esta opinión es parcialmente cierta. Sin embargo otros creemos importante --que a estos acontecimientos-- se les debe tomar el pulso.

Hay que detenerse a auscultarlos minuciosamente con el propósito de descubrir la enfermedad, pero más importante aún, conocer la fuente de su trasmisión para aplicar la medicina correcta. La justicia no puede darse el lujo, de dejar hacer y dejar pasar, ya que casos como los dimes y diretes en el Ministerio de Salud, la Empresa Nacional de Energía Eléctrica, y el escamoteo financiero fenecido de InterAirports en contra del Estado hondureño, ponen en precario la probidad institucional, la transparencia en el manejo de la cosa pública y la forma y la jerarquía del gobierno.

Que un secretario de Estado haya remitido al Poder Legislativo, un anteproyecto que contemplaba reformas al contrato suscrito entre SOPTRAVI y la concesionaria Aeropuertos de Honduras, sin que el presidente de la República lo haya conocido previamente nos parece algo absurdo, descabellado e insólito, pues se trata de un acuerdo donde está de por medio la seguridad de las personas y se ponía en riesgo las finanzas públicas.

Ese comentario de que el ministro Rosario Bonano se haya saltado la tranca, todavía no nos pasa, no obstante puede ser verdad, si tomamos en cuenta que la gama de intereses económicos particulares que representan varios altos funcionarios en este gobierno, son demasiados heterogéneos, incluso algunos de ellos se representan a sí mismos. Aquí no hay vuelta de hoja, con esta operación, se quería beneficiar --como en otros casos-- a los accionistas de dicho consorcio en perjuicio de toda la hondureñidad, lo peor del asunto es que en la cámara legislativa, los cómplices de esta burda jugada, esperaban atentamente el momento para levantar la mano y aprobarlo en un solo debate. ¿Cómo es posible que este acto quede en la impunidad sin que a nadie le incumba? Este es un delito de lesa probidad, ¿acaso no hay algún tribunal que condene este acto amoral? Si nadie se atreve por cobardía, estos bárbaros deberían de ser excomulgados, porque es un trance de codicia que atenta en contra de la ley de Dios. De eso no hay duda.

“El día que yo diga toda la verdad habrá problemas en este país”. Estas son las palabras textuales vertidas públicamente por Juan Bendeck exgerente de la ENEE. Como si no tuviéramos problemas serios en el país con eso de los carburantes. Si Juan Bendeck --al que yo no conozco-- es el hombre valiente y honrado que dice ser y que muchos aseguran, ¿por qué no destapa la olla y manifiesta la verdad de una vez? Al fin y al cabo estamos acostumbrados a la pestilencia que puede escapar de su interior, yo no sé por qué se asusta y se sobresalta. Diga quiénes son los sujetos, los sandios que están detrás de ese complot. Y reafirme su postura de hondureño digno.

Lo curioso en estos dos embrollos es que el pobre de Fredy Nasser, siempre lo sacan a bailar. Me pregunto ¿por qué será? Tal vez algún día el se digne a responder esta interrogante.

En cuanto a lo sobrevenido en la Secretaría de Salud, se afirma que es una mera inexperiencia administrativa, juegos de poder minúsculos señalan algunos, Ummmmm... Aprietos que el chileno Carlos Ramos gerente de Aeropuertos de Honduras resolvería hasta dormido. En fin, como siempre, la escena se repite, todos son buenos y nadie tiene la culpa de lo que ocurre. Unos se van y otros vienen, pasan por el gobierno y no se mojan. De todas formas, Juan Pueblo lo soporta todo.

1 Comments:

At 01 febrero, 2011 02:16, Anonymous Anónimo said...

Toda la razon.Y la corrupcion del gobierzo zelayista finalmente termino con el circo

 

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