13 octubre 2006

El desempleo estructural

Marcio Enrique Sierra Mejía


No vemos señales claras de cómo el actual gobierno está resolviendo el desempleo estructural. La oferta de puestos de trabajo sigue siendo insuficiente y el contexto económico y social en que se produce para absorber la demanda por ocupación lo que indica, es que el número de personas sin trabajo, crece a pesar de las noticias oficiales de que la economía está evolucionando respetablemente.

En Honduras, por ejemplo, según la información demográfica y de variables claves contenida en la encuesta de hogares de 1991 (octubre), más de 543,600 personas tienen problemas de empleo y 1,624,000 trabajadores son trabajadores familiares no remunerados. Sólo en Tegucigalpa existen 209 mil desocupados con una tasa de desempleo abierto de 8.4% mientras en San Pedro Sula, los desocupados ascienden a 80,300 equivalentes a una tasa de desempleo del 7%. Estas cifras se magnifican si se consideran el número de inactivos, que asciende a 227,800 y 114,500 en Tegucigalpa y San Pedro Sula, respectivamente (Cedillo, Sergio, 2003).

La precariedad del empleo es una característica del desarrollo hondureño. Aquí lo que más crece es particularmente el trabajo informal, y el desempleo abierto. El número de personas sin trabajo, en vez de descender, está creciendo en relación al momento más agudo de la crisis del Mitch ocurrida en 1998. Por lo tanto, los efectos negativos en materia de empleo no se han modificado aún habiendo pasado el momento más bajo del proceso recesivo.

El gobierno ni siquiera tiene una idea estimada de cuántos nuevos puestos de trabajo se requieren en el año 2010 para absorber el aumento natural de la población activa y reducir a la mitad el número de desempleados dejados como herencia por el 2005.

Para avanzar en esta dirección, deberíamos enfocarnos en el problema del mercado del trabajo y el creciente número de personas sin trabajo que tiene que ver con la política de inversión en capital humano, con superar la discriminación y el sectarismo, en transformar al empleo en un objetivo prioritario de políticas económicas, lo cual no acontece en nuestro país, porque sigue predominando una especie de “hipermetropía política”, es decir, una visión neoliberal populista que ve el largo plazo de las políticas macroeconómicas pero mira borroso de cerca las políticas microeconómicas, porque su lógica, sólo apunta a corregir los desequilibrios a través de mecanismos de mercado, cuyos resultados, lo que demuestran es el alto porcentaje de personas ocupadas en el sector informal de la economía, que no tienen ningún tipo de seguridad social. Estamos enfrentando una elevada precarización del mercado laboral.

No puede ser que en las condiciones de incertidumbre del mercado del trabajo en que los hondureños estamos viviendo, no estamos planificando su desarrollo. Honduras necesita una política social distinta a la neoliberal porque tenemos desempleo estructural, la concentración del ingreso es visible y crónica y la exclusión se manifiesta en todas sus dimensiones.

La tarea social que Honduras enfrenta es quebrar y revertir características sociodemográficas diferenciadas entre clases sociales y los mecanismos reproductores de la desigualdad que derivan de esas condiciones.

La política social debe ser colocada dentro de este contexto. Para ello se requieren correcciones en la propia política económica, además de la política social. Necesitamos proyectos sociales que ataquen la pobreza desde la perspectiva neoestructuralista, o sea, que logren complementar Estado y mercado para establecer un equilibrio económico con equidad.

Publicado en LaTribuna (13/10/2006)

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