08 mayo 2008

Más allá de la huelga de hambre

Miércoles 07 Mayo 2008

Efraín Moncada Silva
Los hechos sociales tienen un fondo, una motivación, una razón, cuyo significado dimensión hay que descubrir y medir.

Más allá de la actitud valiente y honesta de los jóvenes fiscales del Ministerio Público, palpita la exigencia colectiva de combatir realmente la corrupción que socava, desde hace largo tiempo, el organismo social en general. Incluyendo importantes áreas del gobierno de Honduras.

Más allá del ejemplo de sacrificio y dignidad que nos están dando los jóvenes en huelga de hambre, vibra un sentimiento y un clamor colectivo de justicia de la mayoría del pueblo, que se resiente de un sistema de justicia que privilegia unos pocos en desmedro de la mayoría del pueblo.

Más allá de la solidaridad social que ha inspirado la protesta extrema de los que están exponiendo su salud y hasta sus vidas está presente el ideal común de forjar un país donde los operadores de la justicia no sigan siendo escogidos como un especie de botín de las cúpulas de los politiqueros tradicionales no de grupos económicos como ha venido sucediendo hasta ahora.

Más allá de la simpatía de amplios sectores populares que ha despertado la expresión genuina de decoro del puñado de ciudadanos y ciudadanas, está la conciencia colectiva de un pueblo que comienza a dar señales de poner fin a las maniobras, argucias y malabarismos de una clase política atada todavía a la coyunda de los viejos vicios de la política vernácula, que nunca ha sentido la necesidad de cambiar de actitud y de prácticas, y que predica la legalidad pero no la ejercita, que invoca la honestidad del diente al labio, que habla de moralidad pero que en los hechos no la práctica en la vida publica.

Mas allá del desafío de los jóvenes soñadores, se halla el inicio de un movimiento social en Honduras que solo los políticos de visión corta y carentes de sensibilidad social no pueden lograr percibir.

Más allá de la huelga de hambre de los fiscales, ha venido tomando cuerpo un alto a la impunidad embozada o visible, un basta ya a una legalidad hipócrita, que cuando conviene a los intereses personales o de grupo se quebranta la Constitución, mientras otras veces se rasgan las vestiduras aparentando defender la Carta Magna.

Más allá de la gesta paradigmática de los jóvenes huelguistas, se halla el repudio colectivo a los abusos de los grupos de poder que hábilmente manejan sus títeres visibles o disfrazados para desinformar al público, tratar de desacreditar a personas y movimientos y justificar posiciones deleznables.

Hay que ver las señales que se están dando en la sociedad hondureña para enmendar la plana. La factura la pagarán tarde o temprano los morosos con el pueblo.

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