27 julio 2006

Palabras sobre el programa de Erradicación de la Pobreza

Gautama Fonseca


 

El gobierno ha puesto en marcha un Programa para la Erradicación de la Pobreza.

 

Desgraciadamente, lo está tratando de realizar por medio de las corporaciones municipales existentes en el país.


Más allá de toda duda, es el método más seguro para simplemente botar los recursos que ha destinado para aquel fin.

 

Afirmamos lo anterior porque no hay  ni un solo municipio en Honduras que esté organizado para llevar a cabo obras de desarrollo. Ni el de Tegucigalpa, ni el de San Pedro Sula, ni el de Puerto Cortés, ni el de La Ceiba, ni el Choluteca cuentan con los recursos humanos y materiales que son necesarios para llevar a la práctica tales obras.

 

Todas ellas, sin excepción, son simples parásitos del gobierno central, del Presupuesto General de la República, del 5% de los ingresos que se han destinado para ayudarles, de la venta ilícita de los bosques nacionales, con lo cual han venido contribuyendo al desastre ecológico que a todos nos afecta.

 

Es tan deplorable su situación que ninguna cuenta con administradores. Léase bien: ninguna.De lo que están llenas es de políticos que, más temprano que tarde, quieren escalar posiciones y, de ser posible, convertirse en titulares del Poder Ejecutivo o, cuando menos, de una diputación al Congreso Nacional.

 

Ninguna de ellas percibe, por otro lado, los ingresos que debieran percibir como consecuencia de lo prescrito por el correspondiente Plan de Arbitrios. Por esta razón,  en los términos municipales nadie paga  impuestos, contribuciones o tasas, o se  pagan disminuidos hasta donde es posible gracias a la increíble corrupción que prevalece en Honduras,  ya que para nadie es un secreto que los organismos contralores de la legalidad no existen y que si existen son tan vulnerables como buena parte de nuestros políticos.

 

Sobra decir, desde luego,  que una entidad que no percibe ingresos no puede ni pagar a sus servidores más inmediatos ni construir, siquiera,  una alcantarilla donde ésta es necesaria.

 

A las corporaciones municipales, entonces, se les ha asignado aquella función tan sólo por razones sectarias. Para darle la impresión a la ciudadanía que los partidos tradicionales están preocupados por el orden de cosas prevaleciente en los cuatro rumbos de la nación y para crearle una base de sustentación financiera a los vagos que se han acostumbrado a vivir, por las buenas o por las malas,  por cuenta del Estado. Esta y no otra es la verdad. Así actúa  ahora “el Partido de las reivindicaciones populares”.

 

¿Por qué el gobierno, si de veras quiere transformar el desempleo en trabajo activo, en fuente de ingresos, en  oportunidad de crecimiento y en modo de transformar las condiciones de vida de la sociedad nacional  no le confía  al campesinado hondureño, vía la Reforma Agraria, el cultivo de las 250 mil hectáreas de palma africana que se está pensando plantar en los distintos rumbos de la República para convertir sus frutos en combustible, en lugar de dejar esta oportunidad en manos de la media docena de piratas que valiéndose de todos los recursos imaginables se han apropiciado de la economía nacional y de todas las riquezas con que contamos?
¿Por qué se está poniendo a las cabras a cuidar el jardín?

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