16 septiembre 2008

La “Censura Sutil”: ¿un nuevo paradigma?

Convengamos que tiene poco de sutil cortarle el teléfono a un medio de comunicación porque denuncia, como se alega que hizo el ex de Hondutel, Chimirri, cuando una radio denunció que había ido en helicóptero de la FF.AA. a ver un partido de futbol en La Ceiba. Eso es otro abuso de autoridad y una majadería, muy característica, también trató de aterrizar un helicóptero en medio de las estelas de la Plaza de Copán. Y nada tiene de nuevo pero cuando los medios son dependientes de la publicidad oficial, que no deberían serlo, la suspensión de los contratos, en represalia por la crítica, puede convertirse en asunto de sobrevivencia.

Ocurre empero que, a medida que uno envejece, va perdiendo contacto con la moda, que no es lo mismo que la realidad y, mientras no llega el Alzheimer´s, tiene cada vez más recuerdos pertinentes. Yo recuerdo aun cuando no era tan “sutil” la censura y los gobiernos militares cerraron La Prensa antigua y nos amenazaban (“que te van a joder”) y a mi compañero de página editorial en Diario Tiempo, M. Ángel Pavón, lo acribillaron a balazos un buen mediodía y a otros los sopapeaban. Y he sido fiel al final porque me consta que, bajo diferentes gobiernos liberales y cachurecos desde tiempos de Azcona, Tiempo ha resistido el costo, en términos de publicidad oficial cancelada, que le han significado mis personales críticas a los gobiernos de turno. Nada sutiles tampoco. ¿Podría ser genuina la libertad que no costara nada? Hoy día pareciera que importa menos lo que uno dice en la prensa. ¿Acaso los poderosos confían en su capacidad de “spin” control? Y es a los fiscales que luchan contra la corrupción que buscan matar. Eso es censura también y de lo mas burda.

Y por eso a estos nuevos informes sobre “censura sutil” a los medios de comunicación hay que secarles una lágrima, ponerles algo de sal. Y otro poco de pimienta. Porque resulta un poco raro, especialmente en el contexto actual, en que se ha pretendido cercar al gobierno desde la “industria de la comunicación”, ignorarlo cuando no se le puede atacar, que se venga a exigir que reparta el gobierno de “manera equitativa” sus recursos publicitarios entre sus enemigos, para favorecer “la libertad de expresión” y sin que se mencione la extorsión que esos mismos medios han ejercido para conseguir otro tipo de favores y que los periodistas individuales han usado para conseguir contratos. (¿Hay que lamer o besar la mano que te azota?). E igual de bizarro parece que, en aras de “la libertad de información”, los autores de estos Informes tomen partido a favor de los medios y contra el gobierno en cuanto a la exigencia de espacio (por medio de cadenas) para la divulgación de información pública pertinente que se ha querido silenciar.

Abstenerse de engordar más a los reyes de los medios de oposición puede ser “injusto” desde su gula y perspectiva, pero no es abuso ni corrupción si no legítima prerrogativa del administrador. Porque además hay que recordar que los que se están quejando y en guerra son los gordos y la publicidad oficial ha favorecido en cambio a los pequeños. Y al parecer son los gordos los que están exigiendo que se legisle para garantizarles una parte alícuota del pastel además de las exenciones fiscales y tantos otros beneficios.

Sin embargo, eso es efectivamente, con la cara dura, un discurso refinado y autores internacionales, lo que vienen a reclamar los dos Informes auspiciados por organizaciones internacionales de la Sociedad Civil, con la bendición del Consejo Nacional contra la Corrupción: que ¡el gobierno es injusto porque no apoya a quien lo ataca! Entiendo que en un mundo ideal se podría hacer a un lado la consideración política y seguir, desde el poder, el precepto de poner la otra mejilla como predican (y no quiero ofender) los clérigos que conforman El Consejo. No hay que renunciar a los ideales. Pero, hablando en cristiano, debo confesar que francamente el extremismo normativo que ya estaba superado cuando se empezó a estudiar de manera sistemática a la política en el siglo XVI, me parece aquí insólito y maniqueo. Porque también podría haber un tipo de corrupción en semejante calaña de ingenuidad, en eso raya.

La información registrada obliga a un análisis digamos que un poco más realista y útil. Hay otros hallazgos de estos informes que deberían destacar en vez de soslayarse, porque son ellos si indicios de corrupción. Ciertamente, la pretensión --documentada— de un ministro de “centralizar la publicidad del gobierno” a través de su despacho personal se deslizaba en esa dirección y es sintomático que pretenda negarlo el aludido. (No olvido su asombro cuando descubrió que la totalidad del presupuesto de publicidad de la SCAD no alcanzaba a pagar uno solo de los spots de televisión que él compraba por docenas diarias). El monto de la publicidad gubernamental debería de estar vigilado de mejor forma y por supuesto que reglamentado por estas otras razones. Y especialmente para prevenir su abuso para fines de campaña política.

Uno no puede saber, cuando mira la foto de Ricardo Álvarez o su amigo Elvin destacada en los periódicos, por su cumpleaños, si se felicita al “ex” candidato o al responsable de un organismo público. Ni se sabe cuándo el Chele Mitch sale en un spot televisivo de El Congreso Nacional (como antes salía Lobo quien, por lo mismo, no puede cuestionarlo) para visibilizar el aporte de esa institución egregia a la Seguridad, si nos habla el Presidente de ese Poder (conformado por diputados de todos los partidos) al que se quiere felicitar por su labor o si se ufana de un logro personal el precandidato de una corriente.

Pero está claro que paga el pobre pueblo de Honduras. Y eso no debe ser. Cada centavo utilizado para levantar la imagen política de un aspirante de esa manera es reparable. Pero esa mala costumbre no parece preocupar a los autores de estos “Informes” si no el lucro cesante de los príncipes de la industria de comunicación cuando no son favorecidos por el contrato del Estado. ¿Quién se esconde detrás?

Yo tengo mis dudas con respecto a la obligación del gobierno de pagar publicidad para dar a conocer sus obras y “logros”. Es una tradición latinoamericana arraigada pero no es universal ni propia de los países desarrollados a los que tanto admiramos y como funcionario, no pago, ni siquiera en el “Poder Ciudadano” y no encuentro que me afecte el silencio. Si las obras no sirven o no son significativas, más bien deben reclamarlo los medios. Si son de utilidad pública los medios están obligados a “cubrir” la información que es de interés general y particular de sus beneficiarios. Por eso, en este último ciclo electoral, abanderé el lema de “Cero Publicidad” del que no sé porqué nadie hizo eco. Porque si el público tiene derecho a ser adecuadamente informado ¿Cómo podría lucrarse de esa obligación la industria que usufructúa el espectro radioeléctrico, las ondas hertzianas o los derechos públicos de imprenta?.

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05 septiembre 2008

Cardenal y Ortega: una petición de indulto

No creo en vacas sagradas, en pajaritas preñadas ni en los santos inocentes, pero soy amigo de publicanos y de poetas místicos, porque no podría tener amigos si discriminara por los defectos que suponen esos calificativos. Porque de las vacas no hablo mal –nunca- y no es malo ser santo ni inocente, cuando no sea siempre y simultáneamente. No soy amigo en todo caso de Daniel Ortega y no sé nada de sus pecados personales porque no soy cura para escucharlos en confesión y no creo que se puedan interpretar al pie de la letra, como evidencia, los testimonios que he leído de una hijastra que lo adoró, con paganismo culposo y quizás enfermizo. Tampoco creo que mi amigo Ernesto Cardenal sea un ciudadano perfecto, admirable por supuesto que lo es.

Pero como ministro no podría dejar ni por un instante de tratar al Presidente de la Republica de Nicaragua más que como el Jefe de Estado de un país hermano y vecino, a cuya ciudadanía le debo todo el respeto del mundo. (¡Como se les puede ocurrir semejante inocentada! ¡Ay, Selma!) Irrespetar al Presidente desde afuera es irrespetar al pueblo que lo eligió y lo tiene en el poder. Un particular puede hacer eso; recuerdo haber protestado siendo estudiante en EE.UU. con carteles que decían "Somoza Cerdo Asesino" cuando ese ex dictador de Nicaragua llegaba a visitas oficiales. Pero un hombre o una mujer de Estado no puede nunca jamás violar el protocolo. Y nada que ver con la hipocresía.

Ortega y Cardenal fueron compañeros en el primer gobierno Sandinista de Nicaragua. Me consta que Cardenal apoyó esa revolución, moral e intelectualmente, desde mucho antes de su triunfo (cuando lo visité en 1971 en Solentiname) arriesgando el pellejo con valentía y aportando los pocos elementos materiales que podía, siendo un pobre cura residente con una comunidad de célibes en una isla perfecta -por no pecar diciendo que paradisíaca- y me consta que, para servirla, a la Revolución Sandinista, Ernesto puso en riesgo su fuero como sacerdote, lo recuerdo hincado y besando el anillo del Papa que simultáneamente lo regañaba. Pero desde hace tiempo Cardenal está reñido con Ortega, lo critica abiertamente y se opuso de manera radical cuando, en esta última elección, aseguró que "prefería un capitalismo… como el de Montealegre que la Falsa Revolución" que presumiblemente pregonaba Ortega. Y como aquí muchas veces la crítica es manipulación y estos políticos nuestros, "del patio" son unos caciques, no respetan la crítica y la oposición. De modo que no dudo que el reciente fallo judicial en contra de Cardenal, obligándolo a pagar una multa por "calumniar" a un tercero, tenga una influencia política indebida, que no tiene que ser "personal". Porque el sistema aprecia cuando, de manera obsequiosa y sin solicitación, los funcionarios de cualquier rama que sea, "colaboran" para defender al caudillo.

No sé, porque tampoco soy juez, si se cometió un ilícito a la luz de las leyes nicaragüenses que Cardenal está obligado a obedecer como el Presidente y el más vulgar de sus conciudadanos. Lo que denuncia el poeta es que "un juez danielista" ha desenterrado una querella ya fallada a su favor por otro juez, para condenarlo por calumnias en contra de alguien que ha pretendido arrebatarle su propiedad. Lo que sé es que hay una condena. Desde mi perspectiva, como ciudadano de Centroamérica y comentarista, el Presidente Ortega debe indultar esa pena, si está entre sus facultades o poderes, como parece ser que estuvo, el indulto de los crímenes del "Gordo Man", con quien sostuvo una alianza de conveniencia. Ernesto Cardenal es un hermano de los intelectuales progresistas de Centroamérica y una figura de autoridad moral mundial. En todo caso, no puede escoger Ortega para liberar a Barrabás sin lavarse las manos y achacarle el crimen a otro, lo que justamente sería interpretado como cobardía. Sería además estupidez, porque sólo puede salir perdiendo contra una figura como Cardenal, él y cualquier político.

El Presidente Manuel Zelaya no es así y no puede si no darles la bienvenida a Honduras a los jefes de estado que invita para ocasiones de ceremonial protocolario como la firma del Convenio –tan positivo- que firmó con los mandatarios del ALBA. Aun y cuando puedo discrepar de algunas frases de los discursos y sobre todo de sus conceptos seudo históricos obsolescentes, pienso que ha hecho mucho bien a Honduras su reinserción como país independiente en el concierto de las naciones, como se ha conseguido con las visitas oficiales que antes hicieron el Presidente Brasil, Lula y el de México, Felipe Calderón.

Y si no fuera así, los secretarios que el Presidente ha nombrado le debemos lealtad o renuncia y, si renunciamos, le debemos respeto y agradecimiento por la oportunidad de servir. (Cardenal mantuvo esa disciplina con Ortega mientras fue ministro y por largo tiempo después.) A pesar de mi amistad con Cardenal y mi demanda de indulto a su favor no podría yo tampoco, en caso que se diese la ocasión, de que el invitado me extendiera su mano dejar de corresponderle con la mía y, si me saludara de palabra, tendría que morderme la lengua antes de murmurar una expresión hiriente y mandaría a volar al artista o al académico que me lo exigiera.

No sé tampoco si Ortega es amigo personal o no del Presidente Zelaya quien, como cualquier mortal, tiene derecho a escoger amigos pecadores. (Ya decía Machiavello que prefería ir al infierno con hombres de estado prominentes que al cielo con las beatas que decían que ese era su destino.) Yo no lo amistaría a Ortega ni menos lo habría buscado, como busque a Cardenal. Las cualidades de Ortega (su novel habilidad para la negociación y eso es valioso, la retórica del revolucionario de los setentas, esa perseverancia que deberíamos tener todos, y esa cara dura) no son las cosas que más aprecio, si no la sinceridad y la elevación del sentimiento, el pensamiento claro y profundo, la disposición a ser justo y bondadoso y la erudición que adornan a Cardenal y redimen sus vanidades.

Admiro al hombre que está dispuesto a cumplir su deber, aun pagando un costo político, porque los deberes de la moral pública son distintos, giran en otra esfera que los de la persona privada. Tienen mil años de perdón quienes "pecan" contra la beatitud para proteger la libertad de "la república" la que, en este país, todos sabemos que ha estado secuestrada por los intereses materiales y estratégicos de terceros particulares. Para defender esa libertad contra los acosos de la oligarquía conspiratoria, el Presidente Zelaya necesita la disciplina de sus cuadros y nuevos aliados, internos y externos. Porque está a la vista que ha perdido el apoyo de algunos miembros de su Partido, que prefieren jugar con los aspirantes y que hemos tenido roces con representantes (pienso que poco diestros y mal orientados) de poderes extranjeros que debieron simpatizar con nuestros esmeros por sacar a los hondureños de la pobreza. Los intelectuales tenemos en este mundo y en todo momento la difícil tarea de decir las verdades. Aunque a menudo los contradigo, respeto el derecho de quienes critican a mi gobierno, especialmente cuando tienen una autoridad moral probada como Cardenal y exijo ese respeto de parte de cualquier gobierno y en primer lugar del mío propio.

Rodolfo Pastor

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15 agosto 2008

Las inconsistencias de Elvin


“En Honduras los diputados son mas baratos que las mulas”.- Samuel Zemurray


De “llanta de repuesto” que dijo antes que era de Roberto Micheletti, Elvin Santos ha pasado a ser su mayor retador. Rehúso opinar sobre su habilitación o inhabilitación porque, después que se “habilitó” al Presidente de El Congreso, yo renuncio a entender la jurisprudencia del tema. No veo como podría prohibirle La Corte al Vicepresidente del Ejecutivo lo que le permite al Presidente del Legislativo. Ni como puede el Vicepresidente pedir opinión a La Corte, cuando ese tribunal ya estableció que la reforma constitucional que creó la Vicepresidencia era inconstitucional? Además, me importa más el fondo del asunto, del cual se desentiende siempre el formalismo jurídico. Porque inconcebible no es y se ha permitido en otros sistemas políticos. Nixon era vice de Eisenhower y Gore de Clinton. Si bien ambos eran figuras políticas antes de ser vicepresidentes y ninguno administro recursos publicos..

Disiento de la practica de repartir entre los diputados recursos que pueden ser usados a discreción. Puede ser legal. Darles subsidios con recursos del Congreso es una práctica de “gran tradición”; eso hicieron Montoya, Irias Navas, Cabro Negro y también El Profe y El Lobo, cuyos diputados se siguen beneficiando. Así se han hecho aquí las fiestas desde tiempo inmemorial, supuestamente para que hagan “obras” o repartan entre electores. Pero el precedente no lo justifica y si, además, estos subsidios se entregaron con preferencia para una facción, con el agravante de estar en plena campaña, hace bien José A. Saavedra en denunciarlo, porque los diputados no han sido electos para esto si no para legislar y ejercer la acción contralora del Estado. Repartirles dinero para que repartan desprestigia a las instituciones, distorsiona la competencia entre contendientes oficialistas y retadores, dejando a estos últimos en grave desventaja, genera desorden y resentimiento, desvirtúa la vida cívica, socava el debate público, reproduce la extorsión del caciquismo, prostituye a quien lo acepta, invita a la corrupción y le resta eficacia a la inversión pública, dispersándola sin mas estrategia que la electoral. Y por eso no se hace esto en ningún país de respetar.

Peor todavía si se reparte dinero clandestinamente. Porque el nuestro es el gobierno de la transparencia y nadie tiene derecho de usar recursos públicos fuera del escrutinio ciudadano, salvo para fines calificados de seguridad. Y porque entonces ¿de que sirve focalizar recursos para llegar como debemos a los más necesitados? ¿como es que no hay recursos para el patrimonio cultural, ni dinero suficiente para los proyectos sociales planteados en la ERP como compromisos de Estado? Según pienso El Tribunal de Cuentas debe investigar a quienes recibieron el dinero y deducir las responsabilidades que correspondan. Pero yo soy un reformista. Elvin no. Y no le interesa la ética de la cosa en si, ni la eficiencia como ha quedado en evidencia.

No se si se les puede pedir a los políticos que sean consistentes. Se les debe exigir que propongan algo sustancial en vez de un teatro de sombras. Hoy sé que, a pesar del aliento que le dio el Presidente Zelaya, a Elvin, como a otros, a pesar de ingratitudes y desplantes, hoy sé –repito- que la candidatura del Vicepresidente es una propuesta vacía, inconsistente y contradictoria. Es inconsistente que Elvin asegure que Micheletti “se contradijo cuando primero aseguro que no buscaría la candidatura y después se lanzo”, en cuanto él se autoproclamaba entoncessu seguidor. Y es inconsistente que ataque a Micheletti por manejar fondos del Congreso para ser candidato y, al mismo tiempo, se proclame candidato mientras maneja media docena de “programas presidenciales” como La Comisión de Valle de Sula y El Plan Trifinio y La Ruta del Quetzal e instrumentaliza el I.P. que, con recursos públicos, lo felicitan en los medios, por sus cumpleaños…como que yo me hiciera felicitar por el IHAH, el Gabinete Social y el Ministerio de Cultura.

Es inconsistente que Elvin denuncie el darle subsidios a los coordinadores de Micheletti quejándose de que a él no le dan lo mismo. Porque entonces para ser “justos” habría que darles a los coordinadores de todos los nueve movimientos (9x18), mas los de los demás partidos (3x18), un milloncito a cada uno al mes y la multiplicación quizás salga más cara que los mil millones que querían repartirse con cuchara de palo El Lobo y El Chele en la casita de la abuela. Y es inconsistente que diga que es “leal” a El Presidente cuando responde con una extorsión y una difamación a la extorsión que denuncia. Y la contradicción deriva de ese doble papel, que no debería estar jugando, de ser a la vez Vicepresidente y candidato.

Fue relativamente tonto de mi parte escribirle hace meses a Elvin Santos para proponerle que abanderase “las reformas”. Después de todo ¿de donde salió el? ¿Cual voluntad popular lo impulsó desde que plataforma de servicio social o publico, a su exaltadísima posición actual? ¿Acaso no se autoproclamó rodista, suazocordovista y florista? ¿Podemos creer que se convierta en abanderado del cambio democrático cuando confesó formar parte del escuadrón que “quita y pone presidentes”? Pero cuando supe que Elvin se estaba lanzando como candidato, cometí la ingenuidad de escribirle una carta que no se si llegó a sus manos, porque nunca la respondió y que quizás no entendió, si la leyó porque, desde hace, tiempo descubrí que -para decirlo de modo benévolo- Elvin es un hombre que piensa dentro del molde estrecho del guacal, y debe tener por ende pocas simpatías para lo que se plantee desde una posición critica profunda. Le decía en mi carta dos cosas: una que el podía impulsar su candidatura si abanderaba las reformas políticas que necesita el sistema para democratizarse, y que si quería legitimar su aspiración tenia que renunciar, ya que no a la condición irrenunciable de Vicepresidente, a los recursos públicos que manejaba.

A Elvin no le interesa la democracia ni el campo de juego nivelado, ni la institucionalidad. Porque es en virtud del cinismo tradicional del que ahora se queja --y no de un afán de democracia-- que relegó a los lideres que le dieron imagen y que le permitieron sobrevivir como candidato mientras ponía en primer termino de su planilla a genuinos delincuentes de la política, ladrones de elecciones, campeones olímpicos de la magia negra electoral quienes incontinenti procedieron a jugar con él, los veinte tránsfugas que, a ultimo momento, le hicieron el favor de saltársele del corral, dejándolo con las planillas incompletas para la inscripción, que solo salvó por la antigua disposición del CCEPL a “dejar hacer y dejar pasar”. De modo que no tiene Elvin bandera ética con que repudiar la practica tradicional, ni discurso creíble con que denunciar el privilegio tradicional perverso. Y habrá que buscar otro abanderado de las reformas, de la ética pública liberal, de la democracia y de la credibilidad.

Rodolfo Pastor Fasquelle

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31 mayo 2008

El derecho constitucional a elegir y a ser electo


Para que los ciudadanos participen en las elecciones y en la vida cívica, hay que reformar las trampas de la Ley Electoral que varios (ciudadanos de distintos partidos) hemos denunciado, primero hace cuatro años ante el Comisionado de los Derechos Humanos, como ahora ante La Corte Suprema de Justicia, la semana pasada. Dos artículos de esa ley exigen que, para optar a cualquier puesto en la lista electoral, no solo de Presidente, diputado o alcalde, si no también para regidor o consejero, los ciudadanos tienen que recibir el aval de un movimiento político, que lo pueda inscribir. Así, en nombre de esos colectivos sospechosos, los jefes de movimientos tienen un control exclusivo de las nominaciones y ponen a cada candidato su fiero en el anca.

Cuando la semana pasada trascendió la noticia de nuestro recurso ante La Corte Suprema protestando la inconstitucionalidad de esos artículos de La Ley, el actual Presidente de El Congreso declaró a la prensa que con ello se pretendía “cambiar el sistema político” y que “él no lo permitirá”. Curioso. Primero porque tiene razón; se pretende democratizar el sistema para permitir que la gente participe sin tener que complacer a los jefes (ya no les digo siempre “capos” porque se ofenden) o cabecillas de los movimientos. Y segundo porque no esta en sus manos impedirlo aunque puede dictaminar el asunto. Pero también porque él Presidente piensa –evidentemente- que su papel es impedir o evitar que el sistema político cambie. (¿De verdad no debería nunca de cambiar, aun y cuando estén a la vista sus deficiencias?) ¿Qué habrá pasado con la historia? El problema es toral y actual. Hace años que sabemos y decimos que el sistema publico se ha debilitado, que ha perdido legitimidad porque “no es representativo” porque pocos participan.

Los politólogos y los adeptos del sistema político se quejan de la “falta de participación ciudadana” y nos dicen que hay que incitar a la gente a participar. Pero nadie indaga por que no participa y se plantean solo paliativos. Mientras por otra parte, los cabecillas obstaculizan la participación fuera de sus movimientos y anuncian que van a “impedir los cambios”. El sistema es cínico.

Así se divulgan a diario y ampliamente las noticias en que los mas renombrados lideres políticos anuncian públicamente que, a raíz de una negociación, alianza o adhesión, el cabecilla fulano, mengano o perencejo “les ha dado tantos puestos en las planillas” de distintos departamentos o tantas alcaldías, como si fueran suyas, como en efecto son, para repartir entre sus huestes respectivas las listas de puestos, y –después- prometen los cargos ministeriales como complementos.

Sin ningún pudor, La Tribuna de la semana antepasada explica como están “amarradas las diputaciones por el Departamento de Francisco Morazán o el de Cortes”, por parte de los pre candidatos liberales y nacionalistas, que ya han “otorgado” las posiciones correspondientes a sus cercanos colaboradores y seguidores, sin que haya tenido nada que ver en su escogencia la ciudadanía, ni la membresía del Partido, ni nadie mas que los cabecillas y sus mas íntimos colaboradores. Y confiesan o anuncian o incluso pregonan estos arreglos, sin conciencia de que pudieran herir la susceptibilidad de ciudadanos que hubieran querido –ellos- escoger a sus representantes, sin atender la querella de la ciudadanía de que no se siente representada por ese elenco. Porque si estuvieran conscientes de un problema, esconderían esos privilegios ilícitos o los manejarían con alguna discreción. Pero mas bien piensan que es merito suyo, una medida de su progreso o poder que debe ostentarse, el haber conseguido este o aquel numero de posiciones para repartir.

Luego proliferan los llamamientos, de incluso intelectuales orgánicos del sistema, pidiendo toda una gama de privilegios compensatorios y cuotas para las mujeres y para los indígenas etc., pero pasan por alto el hecho de que el sistema le niega a la gente común, el derecho que define la democracia: el derecho “de votar y ser votado” libremente, cuyo disfrute pleno volvería innecesaria cualquier cuota.

“Y si no los pongo yo ¿quién me va hacer el trabajo de la campaña? ... me dice.... un capo de lo más decente que hay. Pero las respuestas a esas preguntas son sencillas. El trabajo de la campaña presidencial lo debe hacer el candidato a presidente y los ciudadanos que simpaticen con su causa o nominación. Podrá acompañarse del endorso o respaldo que tengan a bien darle otros lideres de su partido de todos los niveles, pero para nada exige o requiere de una lista cerrada ni del acompañamiento de miles de candidatos a todas las posiciones de elección alrededor del país. Esa lista es el instrumento por medio del cual los cabecillas de los partidos tradicionales han secuestrado a la republica, a la nación.

Aquí hay un círculo vicioso. La gente no termina de entender el problema porque, como la mayoría no participa directamente, y hay que participar para ver el sistema en operación, asume que de verdad esto es “democracia”. Pero es una mentira, a la que hay que reconocerle cierta genialidad. Han disfrazado de democracia un sistema que esta perfectamente controlado por una decena de cabecillas de los partidos tradicionales Y todo lo demás es irrelevante. Ningún país democrático tiene el equivalente de esta trampa sistémica. Hay requisitos si. Los partidos como colectivos pueden acoger o descartar una candidatura. Pero no es que, por ley, seis personas disponen del destino y de las oportunidades de participación de todos los demás. Mientras ese sistema no cambie, no vamos a poder reformar ni menos eficientar al Estado

Porque además este sistema es un fundamento de la corrupción y de la disfuncionalidad del gobierno. Los clientes políticos de los cabecillas a su vez construyen huestes y pelotones de activistas que –después- exigen compensaciones o premio por su trabajo de campaña, a los que hay que apaciguar con favores. Eso es lo que ocurrió recién, por ejemplo, con varios ministros que finalmente cayeron por haber empleado -sin tener con que pagarles- a miles de activistas, bajo la presunción de que el Presidente ordenaría que se les diera mas presupuesto para saldar esos sueldos no contemplados. Y en el entendido de que su concurso de esos activistas serviría después para lanzar su propia campaña. Y eso sucede en todos los niveles y provoca toda suerte de disfunción y distorsión de la función pública y de los servicios. Esta es la segunda reforma política más importante. No habrá democracia hasta que se devuelva este derecho extorsionado al ciudadano.


* Roberto Pastor Fasquelle

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07 mayo 2008

Pensamientos deshilvanados, con un agradecimiento


A quienes no lo entienden, el tema aun no interesa. Yo escribo cuando se anuncia que ha sido “resuelta” la crisis, con una reforma a la ley de La Fiscalia que pudo hacerse el primer día! Los héroes solo tienen que estar dispuestos a actuar, cuando los demás están intimidados, paralizados por el desanimo o vencidos. Pero la disputa en la Fiscalia no es ya el problema. Ahora ya solo es un síntoma, una manifestación de un nuevo descontento ciudadano contra las disfunciones de la justicia. Años después de cobrar conciencia e incluso de denunciar el sistema, uno vive resignado a que tampoco va a poder hacer mayor cosa y a que, si quiere hacer algo, debe ser discreto y tiene que “entenderle al tramite”, porque “aquí así son las cosas”, como dice el señor del bucle y no conviene hacer olas.


Uno entiende con el tiempo también sin embargo que, todos somos victimas de ese sistema de omerta y corrupción porque, cuando no afectan inocentes, los encubrimientos la mayor parte de las veces son de delitos contra el interés publico, que es el de todos y cada uno, simbolizan la impunidad e intimidan, dañan a la economía y al desarrollo y generan pobreza. Y llega a entender que no hay una solución de continuidad.

No quiero satanizar ni proteger ni exaltar a nadie porque, sin hacer acepción de persona, respeto a todos y porque no es un asunto personal. Fui yo quien los bautizó como “capos”, consciente de que los jefes criminales de la política también tienen deudos y amigos que dan la vida por ellos y nietos con los que juegan en el jardín, enternecidos. Los he denunciado una y otra vez, pero de palabra, sin hacer nada. Los fiscales –hambreando- han conseguido que muchos más atiendan y simpaticen con el reclamo.

El reclamo es que valiéndose de un sistema supuestamente “democrático representativo”, que claramente no representa a la voluntad de la mayoría consciente aunque, por defecto de ciudadanía, ha recibido históricamente respaldo electoral, los grupos corporativos de interés factico que tienen secuestrados a los partidos y ponen y quitan autoridades y manipulan la opinión publica, se han apropiado de los mecanismos de poder, y protegiéndose entre si, han hecho una burla de las instituciones de la justicia amenazando incluso con usarla contra quien los reta.

¿Quién quiere vivir en ese infierno en que podría degenerar nuestro país, infierno de inseguridad jurídica personal, de crimen y corrupción social y no solo política? Tan escalofriante como esos paisajes del Bosco que efectivamente retratan el infierno con extravagancia de crueldad y fealdad. Así veo los periódicos.

Pero la literatura analítica no es más que un regodeo que busca profundizar y es por naturaleza propia filosófica y fría. Hace falta reflexión sistemática, en cuanto lo permita el formato, en torno a temas estratégicos. Pero además faltaba acción, para calentar el tema y para escenificarlo, para que la gente entendiera y se movilice, ojala sin caer en el exceso, en el histrionismo, en la vulgarización de un espectáculo mediático olvidado de la razón y la ley con que a ratos amenaza.

Desconfío de los fariseos y de los inquisidores. No se cuales fueron los móviles originales de los fiscales en “huelga”, para nada creo que el Presidente los utilice, aunque sin duda tiene un interés en el asunto y no fui a firmar el “libro de solidaridad”, porque soy tímido y me asusto con las payasadas de la gente rezando a gritos en publico con los ojos entornados, actuando como posesos, siendo yo seguidor del Nazareno, que enseñaba a rezar “en un cuarto oscuro en donde nadie mas escuche”. Pero estoy con su causa.

Hay distintas verdades oficiales que se acercan o alejan de la verdad objetiva. Pero los defectos y distorsiones de la justicia de este país no los puede ocultar nadie, surgen de leyes deficientes y terminan en juzgados con “encantadores de serpientes”, pero pasan por la fábrica de impunidad que son la policía corrupta y la fiscalia cautiva. Uno llega a sentirse mal, de flotar de puntillas en la mierda y ver de cerca tanta sinverguenzada, y que nadie hace nada y los que no son cómplices directos fingen demencia pretenden que no esta pasando nada. Curioso. Por primera vez, en un tema trascendente, el control de los medios no pudo prevalecer contra la movilización ciudadana. Esa fractura hay que agrandarla.

De modo que si me sorprende esta gente, porque ellos han estado dispuestos a actuar y, al final del día, a morir (estuvo en riesgo su salud y dentro de unas semanas mas se mueren) para exigir un cambio en el modus operandi del sistema, y esa locura inédita, de ofrecer sus vidas por nosotros y en un mundo de replays y cálculos mezquinos, obliga al agradecimiento, aunque sea corto.

Todos los héroes que yo conozco de cerca son imperfectos. Pero si no podemos identificar la contradicción principal estamos perdidos y yo puedo admirar a un compañero(a) o líder(eza), aun desde una perspectiva critica y discrepando de las formas. Y partiendo de de esa conciencia, tenemos que ser tolerantes si por fin vamos a convergir con eficacia en lo esencial. Los héroes solo tienen que estar dispuestos a actuar, cuando los demás están intimidados, paralizados por el desanimo o vencidos.

¿Podremos hacer la diferencia? Insuflados de conciencia y un mínimo de amor patrio. No lo sé; pero encuentro interesante que alguien tenga la ilusión y la esperanza de que podamos aliarnos y conseguir juntos lo que no iba nadie a obtener por si solo. Y la moraleja es que hay que confiar más para avanzar. No tenemos que estar de acuerdo en todo, pertenecer a un mismo partido o movimiento, ni a una sola secta o congregación de las que ahora se llaman a sí “iglesias”, no necesitamos ser de la misma raza o casta, ni tener idéntico nivel educativo o ideología. Lo importante es que estemos despiertos y entendamos que aquí hay problemas profundos concatenados entre si y no se van a resolver solos.

Han pasado cosas importantes. Se desarrollaron nuevas formas de comunicación. Yo voy a seguir hablando con quien quiera que se interese en transformar este país y voy a estar dispuesto a tolerar que este gordo o flaco, maquillado o demacrado, que sea rezador o escéptico. Cualquier otro opositor del sistema es mi aliado. Voy a tratar de convergir con la mayoría porque desde la minoría se puede hacer poco y se es demasiado vulnerable.

Los hondureños enfrentamos una coyuntura crítica. Una parte suficiente de nosotros entiende o suscribe al menos una visión alternativa (que sea exacta es otra cosa) a la que invocan las fuerzas más retardatarias del país, los custodios del canon y del talismán, los invitados del aquelarre y supremamente interesados en incrementar sus utilidades y preservar su control.

No hay retroceso. Combatamos las falsas verdades del sistema, su lógica silogística. Converjamos alrededor de los comunes denominadores y los anhelos compartidos. En el camino habrá tiempo para discutir otros sueños, antiguos y posmodernos. Hoy, bastara con reconocernos en el eslabón profundo de la solidaridad por la justicia. Los fiscales no saben todo lo que consiguieron.

Ilusos quienes creen que la crisis “termino”. Apenas asoma. Ni aquel que dijimos ni todos los hombres del Rey podrán juntar de nuevo los pedazos de Humpty Dumpty. Las cosas ya no van a poder ser nunca como eran. Y ahora, ¿Cómo van a hacer para esconder los resultados de las investigaciones que afectan a todos los poderosos de este país? ¿Como le van a hacer para esconder las manos peludas en las negociaciones para las nuevas elecciones?.

Yo voy a tratar de durar hasta más allá del 2030, tomando mis precauciones y vitaminas y ejercitándome. Pero quiero que estos garabatos sigan luchando después aun con las conciencias. Tengo esa visión de sobrevivir en la letra.

Rodolfo Pastor

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16 enero 2008

Crisis y contrarreforma: la claridad de la coyuntura


"Díganle a Mel que no vaya a vetar este decreto", que si lo veta, se lo va a llevar ¡$%&! y no le quiten ni le agreguen nada a lo que les digo", dicen que oyeron decir a Micheletti sus fieles.

"Y que conste que al que se me dé vuelta me lo quiebro", agregó, antes de recibir el veto. Y turnárselo a La Corte y advertirle a la Sumisa Corte de Justicia que "le daba 48 horas" nada de laborables, horas a secas, para devolver el dictamen que esperaba. Y ahora se ríe cínico en la televisión, y se burla del Presidente Zelaya porque según él, ya terminó todo. Y ganó la guerra, cuando apenas se profundiza una crisis de su hechura. Que por lo demás clarifica lo que estaba oscuro, simplifica lo que parecía complejo, precipita las basuras en el tubo de ensayo.

Nunca antes han estado las cosas tan claras como en este instante. Queda al desnudo una psicopatía del poder y, a la vista, un autócrata sin freno ni reflexión, sin argumento, el cinismo, la mentira compulsiva y la voracidad de una clase política, perfectamente perversa e insensible, por no decir insensata. Claro, que el Presidente está defendiendo por un lado la legalidad: el respeto entre poderes del Estado, que deben concertarse antes de actuar y el respeto al derecho, dentro de cada uno de los Poderes, a sus constituyentes. Que defiende la conveniencia pública y la moralidad política y cívica. Y queda en evidencia que el Presidente Zelaya está dispuesto a poner su propio pellejo en la fridera, dispuesto a ir hasta las últimas consecuencias. Porque no hubiera estado, si no, dispuesto a denunciar las mentiras e hipocresías, con las que antes había sido excesivamente discreto.

En cambio, está claro también que la autoridad del Congreso Nacional y su conspiración se rehusó a escuchar el clamor de las organizaciones populares, de la sociedad civil, de las figuras públicas de más autoridad moral, que repudiaron en forma unánime y contundente la forma y el fondo de la contrarreforma política avorazada y arrebatada, que ha pretendido alzarse con los recursos disponibles para el desarrollo. Y que amenaza con recortar los fondos precisos para servicios elementales, incrementar el déficit y poner en riesgo acuerdos internacionales y los desembolsos de la Condonación. Claro, que se rehusó a escuchar a sus propios compañeros de Cámara que, en significativa minoría inter partidaria, rechazaban la contrarreforma y que soslayó el debate. Sin permitir discusión, como tampoco la permitieron cuando decretaron esos robos, a medianoche, sin avisar ni menos consultar al Ejecutivo no digamos al pueblo, porque no es discusión lo que quiere, si no sometimiento. Se rehusó incluso a contar los votos a favor y en contra. Para después invocar cábalas e inventar números.

Está claro además por primera vez que, desde el punto de vista de los diputados proponentes y partidarios de la contrarreforma, el asunto es pisto. Que les vale sorbete la opinión ciudadana y la democracia que invocan. Que los poderosos de estos movimientos están dispuestos a hacer cualquier cosa por dinero. Incluso recetarse mil cien millones, incluyendo 700 millones para este año político, al mismo tiempo que solicitan a Finanzas otro aumento de 750 millones adicionales al presupuesto del Congreso, para subsidios anárquicos y de dudosos fines.

Y está claro también que como dijo la Ministra de Finanzas "Esos 700 (o 200) millones pueden significar la diferencia entre la vida y la muerte para miles de hondureños que deben recibir servicios de salud, la diferencia entre un desarrollo normal y la desnutrición para quienes deben recibir complementos o bonos alimenticios, entre recibir o quedarse sin el pan del saber en las escuelas, entre la miseria y la prosperidad para los que recibirían los bonos productivos". Y que eso es lo que tenemos que escoger.

Y asimismo está claro que eso de la legalidad, eso de la transparencia en el proceder les vale gorro a los parlamentarios conspiradores. Porque si tenían los cien votos que dice Micheletti y creen que es positivo lo que hacen, se prestigiaban con dejar consignados, cada uno su voto particular razonado. Pero se prefirió reprimir al disenso con la sempiterna mandrakada y omitir la cuenta de los diputados y diputadas opuestas (los mejores y más dignos y lúcidos de todos los partidos) y se procedió incontinenti, a apelar, sin vergüenza ni pudor, al instinto de la manada, pidiendo que levantaran la mano los dispuestos a ratificar el dictamen, y de esa manera, y sin contar tampoco sus votos, estallaron en los gritos y los aplausos y las carcajadas vulgares con que han convertido la Augusta Cámara en un vulgar antro o mercado de baratijas.

Y finalmente está clarísimo que aquí, más allá de los problemas jurídicos o de la conveniencia económica, hay un problema de moral o más bien de inmoralidad. Que lo que están defendiendo los 70 u 80 diputados que celebraron su ejercicio del poder bruto, en el más perfecto sentido de la palabra no es su prerrogativa de representar la voluntad popular o el interés general, si no su privilegio de hacer su real gana, como una pandilla sin freno ni ley. Su pretensión de usar los recursos públicos para realzar su propia imagen, para comprar propaganda y complacer a los medios aliados. Y quedó clara como agua de manantial la alianza de Micheletti y Lobo, y los lados oscuros de los dos partidos.

Aunque hay todavía un par de cosas oscuras, porque entonces, uno termina preguntándose ¿a quién exactamente representan los diputados de Micheletti y Lobo? ¿Qué clase de representantes son? Pero también ¿cómo van a evadir el castigo del electorado? Ni está claro finalmente cómo vamos a asegurarnos que esa gente no vuelva nunca a una curul del Congreso, asegurarnos que nunca más ninguno de ellos pueda volver a hablar en público sin sentir el rubor y la vergüenza con que han querido humillar a la gente honesta de este país. Vamos a denunciar sus nombres y su colusión en cada departamento y en cada comunidad, cuando pretendan hablar en el foro verdadero, que es el de la comunidad.

Y está clarísimo por fin que nada de esto habría ocurrido si no fuera Candidato declarado el Presidente de El Congreso. Y que esa anómala condición es la que provoca todo el desorden. Y prueba una vez más que no debe permitirse que un Presidente del Legislativo sea Candidato mientras no tengamos otra clase de diputados y una institucionalidad más digna. Vamos al referéndum si. (Mi madre anciana dice que aunque sea con andador va ir a votar a ese referéndum). Y que, si para rectificar, hay que ir más allá del referéndum, pues hay que ir. A fortalecer con una reforma total una Constitución tan vulnerable. Porque según los magistrados el "derecho" de Micheletti es "constitucional" y elemento pétreo de nuestra forma de gobierno. Alas. Vamos a terminar con esta charada. Vamos a hacer que tiemble el hemiciclo. Porque Micheletti puede seguirse riendo un rato, pero el que ríe por último ríe mejor. Lobo ha renunciado una segunda vez (así lo manda su vocación bestial) a la buena opinión de los mejores nacionalistas, que serán nuestros aliados en la campaña final por la decencia y la democracia, que es, lo digo para quien lo haya olvidado, el régimen, en que las decisiones del gobierno reflejan la voluntad del pueblo y garantizan el bien público y se aseguran que ningún particular se beneficie de los recursos de todos.

Rodolfo Pastor Fasquelle

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06 julio 2007

Dar a la gente sus derechos y no limosna: que hacer y que no

Serán -si Usted quiere- elementales mis respuestas a las preguntas: ¿qué hacer y qué no hacer para reducir la pobreza? Eso busco, los elementos del asunto y parto de una visión histórica.

En Honduras siempre ha habido hambre y pobreza. Nada más que todavía en el siglo antepasado era distinta, para bien y para mal. Era ocasional y muchas veces afectaba a todos los miembros de una sociedad de una sola clase. Todavía los campesinos recuerdan catastróficos años de hambruna por raras sequías, frecuentes inundaciones o plagas de insectos que destruían sus cultivos de subsistencia, años “inolvidables”, en que se veían reducidos a vagar por los montes para recolectar alimentos silvestres (masica, raíces y ramón), igual que en las antiguas crónicas mayas.

A principios del s. XX, la agricultura mercantil, del banano después acaparado por el enclave en la Costa y la reactivación de la minería abandonada desde la Colonia arrancó una transformación económica y social que sufrió su primer sobresalto con la crisis del 1929-30. Pero el proceso de mercantilización de la agricultura, la agroindustria incipiente y urbanización se reanudaron después y generaron un inusitado crecimiento, acompañado de cambios sociales dolorosos, polarización y desplazamiento del campesinado a ciudades perdidas. Román Mayorga ha llamado ese “el crecimiento concentrador y excluyente” que perduró en toda Centroamérica por medio siglo hasta que pareció sufrir un nuevo tropiezo profundo en los setentas: con guerras, guerras civiles, catástrofes, alteración de términos de intercambio cada vez más desfavorables y una deuda agobiante que casi nos puso de rodillas.

Los ochentas fueron una década perdida de crisis que tuvieron secuelas. En 1994 el país tenía un déficit de casi 12%. Pero desde 1992 se reanudó el crecimiento insuficiente que se ha sostenido a pesar del petróleo, apoyado en un ajuste estructural. Se ha intentando desde entonces remediar los concomitantes males con medidas de compensación que –inicialmente- se encargaron al FHIS y al Programa de Asistencia Familiar, PRAF. Pero diez años después estaba claro que los problemas sociales persistían y más bien se agudizaban, amenazando con descarrilar todo el proceso de modernización. Desde 2001, cuando después del Huracán Mitch la comunidad internacional se comprometió con la condonación de la deuda externa, el país correspondió formulando una ERP que ha incrementado los recursos del programa social del gobierno de un 6.2% del PIB a un 9.2%, de unos L. 10 mil millones a L. 21 mil millones este año. Pero la pobreza se ha mantenido por encima del 60% y sobre 40% la extrema pobreza. Como consecuencia, hay desencanto y violencia, delincuencia y una crisis social sin precedentes, y cada vez más escandalosa, con grupos que sufren hambre día tras día y sin esperanza, pero también sin inocencia.

En los últimos lustros, hemos aprendido mucho acerca de cómo reducir la pobreza, pero esa labor es todavía compleja y dura y requiere de muchos esfuerzos coordinados. No hay solución fácil o mágica. Antes de describir lo que estamos haciendo, adelanto seis premisas.

1. Ninguna política y programa social puede resolver por si el problema de la pobreza. Porque al final, los programas sociales tienen que ser fiscalmente sostenibles. Y porque sin una política económica que impulse y sostenga el crecimiento, no hay posibilidad de un programa social efectivo.

2. Cuando digo que “no hay que dar limosna” repito lo que enseñó Marx. La limosna es pan para hoy y hambre para mañana y puede ser venenosa. Hay buenas y aun ideas nobles para combatir la pobreza que se traducen en malas prácticas. Tenemos evidencia de que en al menos algunas regiones de baja escolaridad, el bono materno infantil que se había implementado en Honduras como transferencia condicionada está aún repercutiendo en un alza de la fecundidad. Las transferencias simples no funcionan cuando no enganchan servicios básicos y no cambian patrones de conducta. Ya hizo bastante daño el paternalismo a nuestros pobres.

3. Hay muchas cosas que sólo los pobres pueden hacer para sí y deben hacer por sí, de hecho la mayoría de las cosas más importantes que hacen falta, empezando por creer en sí mismos, una condición sine qua non. Los pobres tienen que imaginarse y desear otra cosa, tienen que protagonizar la lucha contra la pobreza. Tienen que organizarse y participar, aunque eso no es suficiente. Y no lo van a lograr solos.

4. Los llamados a ayudarles sólo podemos hacer “algunas” cosas, porque los recursos no alcanzan para lo que quisiéramos ni todo lo que debiéramos. Y por ende hay que estudiar las opciones, escoger, enfocar, concentrar, dirigir esfuerzos. Aunque hay que decir que hemos tenido muchos recursos y los hemos utilizado mal en el pasado y aún no terminamos de ser eficientes ni coherentes en el gasto social. Los subsidios universales no son inteligentes.

5. En la civilización occidental del tercer milenio, la gente nace con derechos reconocidos por la comunidad de las naciones, derechos personales y derechos sociales: a la seguridad alimentaria y ciudadana, salud y educación.

6. Y, finalmente, los servicios para asegurar esos derechos son responsabilidad del Estado. De hecho, si el Estado hubiera cumplido con esa responsabilidad, no podríamos reclamar más.

Frente sin embargo a una situación de emergencia, provocada precisamente por el incumplimiento, el Estado tiene hoy otras obligaciones. En América Latina, y en Honduras el Estado enfrenta --en el tema de la pobreza amplia, extrema y dura-- una amenaza para su estabilidad y posibilidad de desarrollo. En esa emergencia se justifica una serie de programas adicionales contra la pobreza: en primer lugar la asistencia social a grupos en extrema pobreza en regiones de refugio, abandonadas de Dios y del hombre blanco. Para asegurar la gobernabilidad y no sólo por razones éticas absolutas, estamos llamados, a hacer esfuerzos extraordinarios, para corregir las disfunciones estructurales de nuestra sociedad: la desigualdad que generó y agravó el desarrollo concentrador y excluyente, la marginación absoluta, el deterioro de los recursos y la falta de servicios básicos con que se deniegan derechos fundamentales de amplios sectores de la población.

En este trance tenemos que darles a los pobres la mano solidaria, alimentos en primer lugar, porque en nuestros países hay niños que lloran y mueren de hambre todos los días y después todos los servicios básicos comprendidos entre sus derechos. Asimismo es obligado liberarlos de las servidumbres a que los ha sometido el asistencialismo, igual que el caciquismo, proveyéndolos de oportunidades locales de empleo y producción. La “Red de Protección Solidaria” tiene que coordinar ese haz de servicios con un incentivo y una focalización dirigida paradójicamente a universalizar los servicios que los pobres extremos no tienen. Y pienso que lo estamos empezando a hacer bien en mi país.

Para corregir distorsiones estructurales e impulsar oportunidades locales de empleo y producción, creo en y defiendo los programas de descentralización para la inversión local, que hemos emprendido en nuestro gobierno, los “Proyectos de Inversión Municipal”. Aunque se corra un riego hay que confiar en el protagonismo de las comunidades. Es decir que si, aun corriendo riesgos, repartes los recursos de inversión social entre las comunidades, en proporción a sus necesidades y pides a la comunidad que proponga la mejor forma de invertir esos recursos para combatir la pobreza y que vigile su ejecución vas a aprovechar mejor los recursos y vas a reforzar la capacidad local para proyectar y ejecutar inversión, para generar activos y capital social, para auditar y deducir responsabilidades.

Necesitas además carreteras para combatir pobreza. Los caminos y carreteras son indispensables para que las oportunidades que brindan los proyectos productivos en el área rural tengan una salida al mercado. El mejor uso del agua en general debe ser una prioridad de nuestros programas de gobierno. En primer lugar el aseguramiento de agua potable. Y, en pequeños valles fértiles, obras de riego, para darle oportunidad a la gente de producir productos diversos y con un mayor valor relativo que muchos de los tradicionales. Eso no será espontáneo, además de financiamiento requiere de extensión y orientación inteligente, porque supone un cambio cultural duro.

Pero nada tiene que ver esa necesidad de caminos con la inversión en magnas obras caras de infraestructura que muchas veces otros solicitan, en nombre de los pobres, ni tampoco son imprescindibles las redes con torres y cables de telefonía y electricidad. No necesitamos, como alguien propone, llevar electricidad de alto voltaje a la Montaña de la Flor y a las selvas de La Mosquitia, si los nativos no tienen con que pagarla ni para que usarla. También hay que saber decir que no y buscar alternativas. La petición y la participación no tienen que convertirse en trampa de la Estrategia contra la Pobreza. Hay que escuchar por supuesto y ya dije que los pobres tienen que ser los protagonistas. Pero no todo lo que la gente pide es urgente, y muchas veces la gente no pide lo que más necesita y ahí cumplimos un papel los gobernantes. De investigar y explicar. Y tenemos una seria debilidad en este campo por la falta de capacidad de investigación en ciencias sociales.

Es muy impresionante ver la cantidad de estupideces que se cometen, bienintencionadas, a la hora que nuestros programas sociales improvisan o se quieren imponer. La antropóloga Anne Chapman, sabia vieja, recientemente me preguntaba “¿para qué le van a enseñar al tol a leer y escribir en su lengua, que sólo hablan ochocientas almas, si no hay absolutamente nada escrito en su lengua que no sea y con traducción dudosa, el Nuevo Testamento? Y ¿para qué le van a construir una ‘tienda de artesanías’, si el tol nunca fabricó objetos artesanales para el mercado? Y ¿cómo es que le piensan llevar ganado si no tiene sabanas para pastorear? ¿Si el cazador recolector de la selva no sabe el oficio del ganadero y no tiene los recursos de veterinaria y técnica pecuaria para explotar el ganado, principal factor de destrucción de su selva?”, Preguntas sencillas pero devastadoras.

Todos conocemos el tema de la mala calidad del gasto. Cuando improvisamos en la asignación de recursos, en vez de combatirla contribuimos a la pobreza. Igual ha sido ineficiente, dispersa y desordenada la cooperación internacional, a pesar de sus declaraciones. El alineamiento y la armonización de la cooperación son indispensables para avanzar mejor y es una meta de nuestro gobierno. Puesto que no podemos hacer todo y podemos hacer muchas cosas tontas sin fijarnos, quizás debemos concentrarnos en hacer muy bien pocas cosas elementales. Estamos comprometidos con mejorar la calidad de la educación.

Sabemos que la escuela suficiente de calidad saca a la gente de la pobreza. Cuando aseguremos la eficiencia del sistema educativo habrá que invertir más. Nadie nos va a disputar que los servicios fundamentales de cuidado prenatal nos previenen contra esa tragedia que es la desnutrición y mortalidad materna infantil. Si pudiéramos por vía de salud preventiva, combatir las enfermedades por contaminación, los comportamientos inconscientes, el embarazo adolescente o indeseado y el alcoholismo o el tabaquismo, las enfermedades de transmisión sexual y la violencia juvenil y domestica estaríamos “del otro lado”, literalmente.

Nuestros esfuerzos han tenido ya algunos frutos. En el año y medio que llevamos de gobierno, hemos conseguido un mayor crecimiento y empleo y una reducción de la pobreza que alcanza el 5%, un logro todavía vacilante e incierto. Necesitamos todavía ayuda, y ajuste continuo de nuestro programa. Tenemos fe, pero también el compromiso de ser más eficaces. Y al final hay que medir resultados concretos en el campo: tallas de los infantes, mortalidad infantil, palabras leídas por minuto según el grado de escuela, agua en viviendas dignas habitadas y bienestar concreto.

Por eso con ayuda de NNUU, investigamos la calidad del gasto social, apoyamos un Observatorio de Cumplimiento de Metas del Milenio y, como gobierno, hemos implementado y mantenemos un programa riguroso de evaluación por resultados y cumplimiento de metas sectoriales que son las mismas de la E.R.P. Un desafío evidente es la mayor coordinación, que tampoco es fácil. Lo demás es retórica.

Rodolfo Pastor Fasquelle

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11 junio 2007

Comentario a Informe sobre Objetivos del Milenio

No voy a disputar las conclusiones principales del Informe que hoy se presenta sobre el cumplimiento de los Objetivos del Milenio.

Sería tonto. En efecto tenemos un atraso con respecto a otros países que han adelantado en los últimos lustros con más vigor y dinamismo.

Reconocemos un rezago especial en lo referente a la persistencia de la pobreza, calidad educativa, en servicios de salud para la gente en extrema pobreza, en vivienda y en generación de empleo y en todos esos campos el actual gobierno está realizando desde hace un año esfuerzos especiales que no han sido mayormente considerados en este texto.

Fundamentalmente porque, como pueden constatar, muchos de los indicadores terminan con cifras de 2004, algunos de 2005 y casi ninguno del 2006, de modo que sólo se refleja la situación a fines del gobierno anterior. Un problema de método.

En un Comentario al Informe sobre Género, auspiciado por ASDI mencionaba yo ayer que hay un problema generalizado en casi todos los países de Centroamérica de falta de capacidad local de investigación específicamente en las ciencias sociales. Pero peor en Honduras, pero no creo que sólo por eso sea Honduras el único país en donde PNUD hace El Informe sobre Cumplimiento de los Objetivos del Milenio sin participación del gobierno ni consenso de los consultores académicos. En muchos países (Perú, Bolivia, Guatemala y El Salvador), el Informe lo hace el gobierno, en otros lo hacen instituciones académicas nacionales de prestigio como en Costa Rica. Para el primer Informe sobre Honduras en el 2005 tengo entendido que se consultó al gobierno anterior, pero pareciera que hemos retrocedido al respecto. En Honduras este año no hemos tenido ni siquiera una consulta al gobierno sobre el Informe.

Por lo demás, aquí llevamos sólo dos informes, cuando en los países aludidos llevan 4 ó 5 Informes. Y estoy convencido de que un Informe preparado en consulta con el gobierno, con sus unidades de información y análisis, con acompañamiento y participación de académicos nacionales independientes, nos daría parámetros más comparables con los de los demás países y sería mucho más completo (porque se subsanaría el rezago informativo), más rico, creíble y útil. Y más aun si se pudieran preparar como en otros países, informes más frecuentes, menos espaciados, éstos pudieran servir efectivamente para corregir el rumbo.

Por lo demás, más allá de desacuerdos dispersos sobre las cifras mismas, que siempre son relativas. Tengo que apuntar un par de discrepancias puntuales de fondo. Yo diría que un problema fundamental del Informe es que no considera suficientemente la compleja casualidad de la pobreza, que no es sólo ni puramente económica, porque asume, el Informe, un análisis puramente económico de un problema que tiene raíces más complejas, también culturales y estructurales. Un problema teórico que no sólo es de PNUD, lo padece también el equipo técnico del gobierno, y los de otros cooperantes.

Coincidimos en que el avance hacia los objetivos ha sido lento y deficiente, cuando partimos de una situación social desastrosa, de abandono de la gente pobre de este país por décadas. El rezago con respecto a otros países no es una novedad. Ese fue el punto de partida de nuestro gobierno. Y también convenimos en que Honduras, como dice el Informe, “tiene que ampliar el gasto social y complementar mayor inversión pública en sectores de desarrollo, apuntándole a la aceleración del crecimiento económico”. Pero no se trata sólo ni principalmente de gastar más ni tampoco, y eso debería de estar clarísimo, sólo de crecer más. El gasto social ha venido creciendo de manera notable en los últimos años con muy pocos resultados. Se trata fundamentalmente de gastar mejor, de tener mejor calidad de gasto y de focalizar el gasto en los sectores sociales y las regiones marginadas del país. Toda la región centroamericana viene creciendo desde hace décadas pero respondiendo a un modelo de desarrollo concentrador y excluyente, que margina de sus frutos a grandes sectores de la población.

Incrementar el gasto no es suficiente, dice nuestra ERP actualizada, para lograr mayor avance en la reducción de la pobreza. Hay que gastar con más inteligencia, invertir con la mira de conseguir resultados en la lucha contra la pobreza y hay que cambiar el modelo para abatir las causas estructurales de un proceso de subdesarrollo que genera cada vez más pobreza. Además del problema conceptual otros factores de fondo han redundando en resultados pobres. Ha faltado en el pasado la voluntad política férrea que nos ha contagiado el Presidente Zelaya para avanzar en este tema sobre todos los demás. Y por otro lado, han faltado y faltan siempre suficientes recursos y a diferencia de otros, aun más ingratos, este informe señala que vamos a necesitar aun más recursos.

Para nosotros lo fundamental ha sido:

1) La mejor coordinación intersectorial, a través de un GS comprometido al más alto nivel con su misión y sus coordinaciones

2) la focalización en los sectores y regiones de mayor pobreza, para atender esas 200 mil familias en extrema pobreza ubicadas en regiones de marginación, bloqueadas de los servicios más elementales

3) el abordaje integral del problema, que parte de una comprensión de las múltiples causas de la pobreza, porque de nada sirve que protejamos si no desarrollamos capacidades y de nada sirven las capacidades que no encuentran oportunidades y si no se tiene acceso a los activos productivos esenciales

4) el alineamiento del gasto y la inversión social con las metas del milenio como está establecido en la ERP actualizada y

5) la evaluación continuada de los resultados, por sector. Todavía tenemos pendientes pero este mismo año avanzaremos para alinear el gasto público por metas en el Presupuesto, algo que jamás antes siquiera se intentó. Y estamos aspirando a aterrizar y concretizar mejor el concepto de “Crecimiento pro pobre”, lo cual en efecto supone un cambio de modelo de gestión del gasto público. Mientras tanto el Presidente está ordenando la casa del fisco y proponiendo un pacto fiscal sostenible para asegurar a futuro el financiamiento del programa social.

Aunque admite algún progreso, este Informe de PNUD no reconoce esfuerzos ni logros y pasa por alto la formulación de políticas reales en materia de género y de seguridad alimentaría, de vivienda y protección social, etc. Pero mucho se ha logrado en los 16 meses cumplidos de gobierno: el crecimiento económico se aceleró y alcanzó ya una dinámica y un vector sin precedentes y la pobreza por fin se redujo de una manera sostenida si bien aun irreversible ni definitiva.

Para finalizar al mismo tiempo que un instrumento para alcanzar las metas del gobierno que son las mismas de la ERP, a su vez los objetivos del milenio, el monitoreo y evaluación continuada de la gestión pública, buscamos asumir el liderazgo del proceso desde el gobierno, como corresponde. Hemos dicho muchas veces que el cumplimiento de las metas de reducción de pobreza y la modernización de nuestra sociedad no es algo que pueda lograr el gobierno por sí y que necesitamos de la concertación política el acompañamiento de todos los sectores y de las naciones amigas. Pero el Estado hondureño tiene que asumir su responsabilidad. Estamos decididos a hacer eso y nadie nos va a poder juzgar con más rigor que el que usaremos para juzgarnos y medirnos a nosotros mismos. Juntos podemos alcanzar las metas. Ese es nuestro compromiso final. Y aceptamos el reto que nos hace el PNUD invitándonos a una alianza de todos los partidos y sectores, con alineamiento de la cooperación para alcanzar la meta.

Rodolfo Pastor Fasquelle

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22 enero 2007

Combatir la pobreza: la susodicha ERP


Ningún pueblo progresa con esa doña suelta. La pobreza es una gran hija de puta. Más perversa que el más desalmado criminal. Mata. Mutila. Cotidianamente. Prefiere entre sus victimas a los inocentes. Treinta y ocho de cada mil niños que nacen aquí mueren antes de cumplir el año. (En Suecia 6, en Costa Rica 9). Muchos sobrevivientes solo salen del trance mancos, cojos, tuertos o mudos, cuando no tarados o psicópatas. Nadie puede vivir tranquilo en ella o en su vecindad.

Y no solo, como dice un OFI, porque “la falta de capacidad de consumo de los pobres lastra el comercio y el crecimiento económico”. Nos lastra la incapacidad que provoca la pobreza, la falta de inteligencia y de imaginación que deja como huella. Y entonces combatirla es, como decía Kant, imperativo categórico. La obligación moral de una sociedad decente. Y el deber de cada gobierno puesto que además desde el 2000 es el compromiso obligado del Estado según la Declaración de Metas del Milenio. Y combatir la pobreza es desde el 2001 el propósito de La Estrategia para La Reducción de la Pobreza, el marco del programa social del gobierno, que implementa una serie de ministerios de línea e instituciones de asistencia así como -ahora también con la política de descentralización- el municipio. Supuestamente, coordinan esas inversiones el Gabinete Social, el Consejo Consultivo para la Estrategia de Reducción de la Pobreza, órgano de nueva generación que incorpora la representación de la sociedad civil y la fiscalia internacional. Y ahora también un Comisionado nombrado por el Presidente para encargarse exclusivamente del tema. La E.R.P es un compromiso de Estado orientado a cumplir una serie de metas en materia de cobertura y calidad de servicios públicos esenciales y de ingresos para el 2015. En efecto un plan, al que hoy le quedan nueve años de visión y vigencia. No faltan críticos.

Se trata de una idea concebida desde afuera como requisito para lograr la condonación de la deuda y, creo que si, a pesar de mil y algunos sinceros esfuerzos de divulgación, se trata todavía de una idea burocrática y ajena a la mayoría de la población, mal entendida por los redactores de los periódicos pero también por algunos ministros que se supone que deben tenerla como Biblia, pero no leen. De un concepto y no aun de un plan completamente operativo, ya no digamos de una idea compartida por la sociedad, como tendría que ser, de esas que se vuelven inmarcesibles, dice el filosofo, porque se apodera de ellas la masa, se apodera de la imaginación de la gente. La población no se ha apropiado del concepto mientras que en el gobierno se habla muchas veces con mas retórica que compromiso profundo. Se dicen en la prensa infinitas tonterías y se malinterpretan las declaraciones de los funcionarios, porque no entienden lo esencial. Sobre todo por eso podemos y debemos decir que la ERP fracaso, que esta casi moribunda y que además nadie lo ha lamentado mucho. Muchos programas semejantes en efecto ya sucumbieron en otros países y que somos una minoría los interesados en Honduras en mantenerla viva, mas allá de las inversiones municipales con las que a menudo se la confunde.

Desde el 2001 en que nació la ERP, se ha mas que duplicado según definiciones forzadas el gasto (de 7 a 15 mil millones) pero cuando asumió el poder este gobierno hace casi un año, la pobreza era la misma o peor y se había avanzado poco con las pocas “metas del milenio” con que se cumplía a medias. Y con la nueva disponibilidad de recursos, por la condonación de la deuda y el crecimiento económico nuevo. ¿Puede justificarse un programa sin resultados? ¿Sin identificar cuales son las fallas? ¿Una fantasía de la burocracia y la cooperación, que no da nada?

Sabemos que hay que hacer para reducir pobreza: redoblar esfuerzos para transformar nuestro regresivo sistema tributario, en uno que garantice un sacrificio igualitario para todos; focalizar el gasto público para que llegue a los necesitados, proteger al vulnerable, darle servicios básicos que no recibe de los que esta “aislado” (salud, educación, comunicación), desarrollar capacidades, generar oportunidades e inducir la formación de un patrimonio ojala productivo. Y sabemos que tenemos que hacer esas cosas juntas, que necesitamos un enfoque integral (no economicista, pero si realista y que incorpore la dimensión del crecimiento) un enfoque que conecte desarrollo social con condiciones económicas de prosperidad. Pero no lo hemos conseguido en el pasado, patinamos y resbalamos y retrocedemos. Las razones del fracaso son relativamente sencillas también. Las disputas de los intereses creados y la desconfianza de poblaciones fragmentadas y la de una opinión pública acostumbrada a la duda obstaculizó proyectos estratégicos. La gestión pública ha sido consuetudinariamente deficiente. Faltó visión –visión de país, visión sectorial de problemas nacionales, visión política-- por parte de la clase gobernante y de parte de la sociedad, de los empresarios y de los gremios, que tendrían que hacer aportes cruciales.
Eso impidió la coordinación efectiva de los esfuerzos lo mismo que los personalismos de esa gente que se da demasiada importancia a si misma, y eso redundo en uso ineficaz de recursos, en la duplicación de esfuerzos, en la imposibilidad de darle seguimiento a los programas y focalizar y fiscalizarlos bien. La corrupción (y no solo la pública) y la mezquindad interfirieron el proceso y el esfuerzo bien intencionado. Ha faltado también capacidad de negociación con la cooperación internacional, falta armonización entre la cooperación y las metas de país, corresponsabilidad social en la gestión y ejecución de programas. Han fracasado varios gobiernos en el intento. El actual gobierno ha revisado el programa como es su obligación, y ha asumido la responsabilidad, para armarlo y focalizarlo mejor, aprovechando las lecciones aprendidas. Y dispone hoy de recursos de condonación.

Tenemos que asegurar condiciones macro y garantizar sobre todo a través de la seguridad jurídica, las inversiones privadas, para mantener tasas de crecimiento extraordinarias. (Por eso se ha preocupado el gobierno de desvirtuar la idea de que actuamos arbitrariamente como quieren hacer pensar nuestros enemigos). Hay que generar los recursos fiscales sostenibles para la protección solidaria de la población más vulnerable, con ahorro, gestión eficiente y con un aumento que todavía se puede hacer -de un 1% del PIB- en la recaudación. Tenemos que administrar mejor esos recursos, a lo que esta abocado el programa de “presupuestacion de acuerdo a metas y por resultados” y la idea de un Pacto Fiscal Sostenible. Con visión innovadora tenemos que ser más eficientes para generar capacidades sobre todo de los jóvenes: reformar la educación y el sistema de salud es un imperativo. Y en primer lugar educación que el Presidente Zelaya ha declarado la prioridad de este año. Coordinar mejor nuestros esfuerzos asimismo para generar oportunidades, capacitar y organizar, darles a quien lo los tiene los elementos de lucha, los anzuelos, los instrumentos de producción: tierra y también agua, vivienda social, capital a las mypimes y capacitación. Y tenemos que descentralizar la inversión pública. Ir a las comunidades, ayudarles a crear condiciones aceptables. Proporcionarles los recursos a las comunidades para sus instalaciones de servicios.

Hemos renovado cuadros y energías, hemos mejorado el plan y estamos avanzando y enfocando mejor nuestras metas. La Red de Solidaridad encabezada por la Primera Dama esta atendiendo ya varios de los grupos mas postergados. El Presidente ha asumido el liderazgo y los ministros estamos cada vez más conscientes de nuestra obligación, al menos la mayoría. Los alcaldes tienen que ser responsables y sus comunidades participativas. Pero un problema tan grande como este solo se puede resolver con el concierto de toda la sociedad.



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17 enero 2007

El Embajador, las trasnacionales y la historia


La emergencia, Señor, la crearon las empresas que, resentidas, se desentendieron de su obligación de abastecer al país de un bien estratégico. Es sencillo: ellos no estaban trayendo los combustibles necesarios; nosotros no tenemos donde guardar los que van a llegar en las próximas horas. Y se puede decir que es una crisis “de nuestra propia hechura”, pero es crisis y el gobierno no puede obviarla. Hace falta quizás recordar un par de principios básicos: los embajadores tienen la obligación de defender los intereses de sus economías y empresas, con tacto por supuesto, bien informados y respetando la prerrogativa del Estado nacional, así como el Gobierno tiene que asegurar el bien público de su pueblo y nación, para eso recurriendo a leyes, principios de soberanía, y asistido por el derecho internacional.

Ningún antiamericano. Yo soy un amante del pueblo y la cultura de los EEUU, país en el cual me crié y estudie mi primera carrera, tuve mi segundo y mi tercer amor, una hija (poetisa lucida y profesora de literatura) y dos nietos por los que igual daría la vida que por cualquier hondureño, y muchos colegas y amigos. Pero también conozco por lo mismo los puntos ciegos de esa cultura y desde que, adolescente, protestaba contra la terrible guerra de Viet Nam, he atestiguado como Estados Unidos ha venido a ser la única superpotencia, colapsado su rival en cuestión de días, cuando a los grandes estados primarios de la historia les había tomado siglos la decadencia. De repente, eso ha provocado una desorientación profunda y acaso la de quienes han concluido que ya no necesitan aliados, cuando la Embajada en Tegucigalpa decide subordinar la relación compleja entre nuestras naciones al interés de dos petroleras, que jugaron un juego de poder.

Porque, a diferencia de mis compañeros, yo tengo la sospecha de que el problema no es una persona, quien no podría estar actuando sin instrucciones del Departamento de Estado. Aunque también queda uno obligado a reconocer que pocas veces en el pasado de post guerra fría (quizás la excepción fue Almaguer) hemos tenido a un embajador tan inclinado a pronunciarse sobre asuntos internos. Tampoco ha actuado en un vacío local, Charles Ford; aquí no solo los periodistas si no también los miembros de la clase política invitan a esas intervenciones, las propician y hasta las manipulan y defienden. Véase si no el editorial firmado de La Tribuna de ayer lunes, que calca con un estilo local los argumentos del Embajador, un profesional de la economía prestado al Departamento de Estado por el de Comercio. O las declaraciones hoy, en el mismo periódico, del tenebroso Dumas.

A mi por cierto, el Embajador estadounidense, además de manifestarme un aprecio personal que es reciproco, me ha dado apoyos puntuales para el trabajo de Cultura y me ha escuchado hablando de la e.r.p. y de corrupción, incluso cuando le he dicho que se equivocan a veces al juzgarla. De modo que lo considero un amigo. Que ha cometido errores, porque no es infalible tampoco el y ligerezas contra principios básicos que supuestamente rigen la política exterior de su país: la defensa de los derechos de autodeterminación de los pueblos, la libertad política y económica de sus aliados, el libre comercio y la dignidad de las naciones. Desde hace meses ha venido presionando en todos los ámbitos, con desfachatada impropiedad y dándole la espalda a nuestro predicamento. Ahora se ha dejado llevar de impresiones ajenas y ha dado una declaración imprudente, que debemos perdonarle y darle ocasión de rectificar. Me rehúso a hacer leña del árbol caído

Lo que ha hecho el gobierno del Presidente Zelaya (con el aplauso de los hondureños de todos los orígenes y condiciones, en el país y en el extranjero, de todos los partidos con la salvedad apuntada y la mala conciencia de otro par de magnates turbios) no es mas que asegurar el éxito de un procedimiento que eliminaba un oligopolio, invitando a una participación de otras empresas mundiales, quince de las cuales hicieron ofertas mejores que el maltrato que nos han dado las de siempre, que se sienten hoy agraviadas. (Eso no es satanizarlas, Señor, es decir efectivamente lo que vienen haciendo, lo que hicieron impunemente bajo el timorato auspicio de los anteriores gobiernos, que hoy temen quedar mal ante la historia.) Se han asegurado las circunstancias para que esa transacción de apertura comercial sea efectiva. ¿Podíamos dejar de hacerlo?

Por lo demás, siento que acierta el Embajador cuando declara que ahora “conoce mejor que antes al gobierno”. Muchos pensaban, como aparentemente en su despacho, que en este “paisito de segunda”, se podía --como casi siempre en el pasado, usando la zanahoria y el garrote-- conseguir que nos comportáramos, al final, como bestias amaestradas. Sospecho que hubo malos hondureños que le indujeron a creer que los gobernantes actuales éramos igual de pusilánimes que varios antecesores, a los que me rehúso a homenajear. Y esta en todo su derecho a recomendarle al Departamento de Estado un viraje político que, sin duda, puede hacernos daño. Pero en pocas ocasiones tantos y tan diversos sectores nacionales (incluso muchos empresarios que acostumbran ser complacientes con su principal cliente) se han unido a tal punto, poniendo en precario el control de la opinión publica por los medios. Incluso los inversionistas estadounidenses realmente productivos anunciaron ayer y hoy nuevas inversiones en la agricultura de exportación. O sea que nadie esta asustado.

Por aquello de que lo considero amigo me apena realmente el predicamento del Embajador. El por supuesto tiene derecho a puntos de vista particulares como cualquier otro, pero tiene que usar la discreción del caso para defender estas que parece concebir como “verdades evidentes por si mismas” y tiene que informarse mejor. Nunca se ha hablado aquí de expropiarlas. La Texaco y La Esso (resentidas con la licitación y en aras de la defensa del sagrado principio de la propiedad) tienen derecho a dejar podrir sus tanques de almacenamiento cuando no los necesitemos para que se nos abastezca de una materia estratégica. Pero aunque no sea un aliado militar en la OTAN como el vecino, Honduras es algo más que un exportador de guineos y comprador de gasolina; sigue siendo una pieza estratégica para los intereses estadounidenses, quizá ahora más que nunca, con Chávez y Ortega. Y un eslabón en el proceso complejo de la integración Latinoamérica y del Caribe. Y eso vale más que las “perdidas” que tendrán aquí dos petroleras.



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11 septiembre 2006

Los muertos de un día... y uno en particular, sin nombre

Esto de defender los derechos de los muertos es unoficio poco apreciado supongo. Me resulta obligado. Antes del cromagñon, los antecesores del homo sapiens no enterraban a sus muertos como no lo hacen ni losprimates mas avanzados (que, eso sí, los lloran y acompañan hasta el final) ni ninguna otra clase de bestia. Pero debe haber sido importante en la historia de la especie el día en que aprendimos a enterrar a los muertos. Se asocia esa practica con la primera idea de religión. Entre los griegos clásicos, enterrar a los muertos era ley divina en cuyas aras había que desafiar a cualquier autoridad. ¡Antigona! Pero entre nosotros los muertos no valen nada. Varias veces, he mencionado el abandono de los cementerios, yo mismo visito poco a los míos. ¿Qué tendrá que ver nuestra actitud con aquel terrible versículo en que se instruye que hay que “dejar que los muertos entierren a los muertos”?¿Será esto peculiar a Honduras o esta generalizado en el Mundo de la necesidad? No sé cuantos murieron violentamente en todo el país ayer.


No fueron tres como asegura el Tiempo de hoy --domingo 10 de Septiembre-- si no al menos cuatro, o acaso mas, los cadáveres que se encontraron en el área metropolitana de San Pedro Sula. Quizás la más trágica escena es la de la quinceañera, Jessy Banegas a quien los hijos de puta que la ultrajaron también mataron a golpes. Pero Jessy tuvo la bendición final de ser hallada por su madre y sus parientes más cercanos, que recogieron amorosamente sus despojos. El periódico menciona también el cadáver de un joven de 23 años, encontrado cerca de Rancho El Coco, que parece una ejecución ilegal, de las que siguen proliferando y en las que están involucrados algunos oficiales corruptos.
Consigna Tiempo el ahogamiento en Ticamaya, de una tercera persona, de la que no se menciona siquiera el sexo o la edad. Pero no menciona, y quizás es mi culpa, porque pude llamarlos para que vinieran a fotografiarlo (pero no creo en eso), a un pobre diablo que encontraron en una poza de Río Blanco, frente a mi
propiedad, en El Carmen, enganchado en un árbol, medio desnudo, vestido solo con una calzoneta.

No pareciera que cuatro cadáveres fueran demasiados para la policía, la fiscalia y la oficina local de Medicina Forense. Pero me consta lo que sigue: No sé si lo encontró él o Vicente, que tenia la tarea de pasear con los caballos. Deben haber sido las once de la mañana cuando don Toño, leal anciano y custodio, llego sin aspavientos (él alardea de tener la sangre fría) a notificarme que ahí estaba. Me reportó que el hombre tenia un hoyo en la espalda, que parecía que el Río lo había arrastrado desde la ciudad y que ya había una nube de zopilotes rondándolo. Conocedor de lo difícil que pueden ser estas situaciones y las tardanzas acostumbradas, equivocadamente pensé valerme del privilegio de los funcionarios e intenté comunicarme con los oficiales de mayor rango de la policía para reportar y conseguir que se organizase el levantamiento del cadáver. No tuve suerte de ministro, ninguno respondío su celular.

Por fin, aprovechando el sistema de comunicaciones oficiales, logré comunicarme con una oficinista, a quien comuniqué el problema. El oficial que me tomó la llamada y supuestamente apuntó los datos me dijo que tenían pocas patrullas pero que, en cuestión de veinte minutos estaría por aquí una de ellas. (Vivo a 15 minutos del centro de San Pedro, hay una posta con patrulla a 5 minutos, en la aldea de El Carmen y otra posta, con patrulla, a 7 minutos en Las Lomas, afortunado de mí, porque hay poblaciones enteras que viven a muchas horas de distancia de la policía más cercana.) Le dije -iluso yo- que don Toño estaría esperando para mostrarle el sitio exacto. Y descansé. Volví a llamar a las 4:30 de la tarde. Esta vez conseguí a un oficial. Y media hora después llegó por fin la alegre patrulla, con cinco elementos armados hasta los dientes, que efectivamente fueron a ver, solo de lejos y concluyeron rápidamente (supongo que tendrán experiencia) que se trataba de “un bolito”, que quien sabe como se habría asomado al agua de su muerte. ¿Un suicidio? La patrulla no recogió el cadáver. Tendría que regresar con Medicina Forense. Ya tarde se asomó de nuevo la policía, al portón pero se alejó en el acto. Anoche una tormenta hincho de nuevo el río y la corriente pudo desenganchar el cadáver. Hoy, cuando escribo, al medio dia del Domingo, nadie ha venido para averiguar a donde se lo llevó.

Recuerdo una obra de Ionesco, “Amadeo”, en la cual de repente aparece un cadáver que crece, un cadáver venenoso y putrefacto como este, que rueda ante nosotros sin que nadie se ocupe de el. Porque lo caritativo, claro, seria uno meterse al del río y desgancharlo y cavar una tumba suficientemente honda, aunque no hubiera mas ceremonia ni rezo, para ponerlo a salvo de los perros y de las aves de rapiña. Pero eso esta prohibido en nuestra sociedad civilizada. Para no esconder los crímenes que así pasarían desapercibidos. El levantamiento lo tiene que hacer esta oficina, que debe estar alcanzada, la pobrecita, o al menos cansada de recoger tanto cadáver. Porque son muchos sin duda aunque solo sean cuatro los del dia. Quizás en el interior en donde no hay medicina forense tengan mejor suerte los difuntos. Yo ciertamente voy a querer morirme lejos de su alcance.

A mí, que soy un romántico y un sentimental, me resulta escandaloso lo que ha sucedido con este pobre amigo. ¿Qué significa el abandono de sus despojos, además de insolidaridad?

Me parece que el cadáver arrastrado por la corriente, es una especie de símbolo o mensaje de la humanidad en nuestro tiempo. Y que el desprecio que la sociedad organizada muestra hacia el cadáver de este individuo supone una deshumanización, anuncia quizás el fin de una civilización, ciertamente es una negación rotunda de los Derechos Humanos que creíamos haber conquistado, como generación y manifiesta un profundo irrespeto para la muerte, que también es un insulto a la vida. Y no sé a quien habría que castigar por negligente. Pero alguien al menos debería de disculparse. Y nosotros todos deberíamos de disculparnos por haber llegado a este punto de insensibilidad, en donde podría pasar cualquier cosa.


Rodolfo Pastor


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24 agosto 2006

El Aeródromo de Río Amarillo (a Marlina Dubón de Flores)


Empecé a enterarme de este tema siendo un particular en el gobierno pasado, a través de la prensa, porque en este país de opacidades eso es lo único disponible para un ciudadano común y corriente, la prensa. Y me di cuenta fácilmente de las irregularidades cometidas por el gobierno anterior en su empeño terco por aprobar el proyecto a troche y moche. Irregularidades que constan en el registro: la torpeza de formar una comisión sin expertisse en materia arqueológica no digamos turística o aereoporturia para recomendar un curso de acción y luego el desconocimiento arbitrario de esa comisión. El establecimiento por parte del PRDVC de una metodología para selección del sitio que después fue desconocida. La pretensión de entregar informes técnicos y elaborar un plan de manejo que no satisfacían normas y criterios técnicos internacionales vigentes, como para salir del paso, etc. Y desde la llanura, puesto que había alguna objeción (no sabia yo su calidad) y el aeropuerto podía satisfacer otras funciones de transporte regional si se construía en La Entrada, no entendía porqué se insistía en construirlo en un lugar que parecía al menos polémico. Publiqué esa opinión meramente razonable.

Antes de asumir el cargo de Ministro tuve una serie de reuniones con los opositores del proyecto y también con la joven arqueóloga experta en el sitio vecino más inmediato. Y como soy responsable, al entrar al gobierno, me dediqué a estudiar la información institucional, organicé una serie de reuniones con los arqueólogos (estadounidenses, europeos y nacionales) y con técnicos de Turismo, que me explicaron sus puntos de vista. Le pedí al Presidente que detuviera la firma y la ceremonia de la primera piedra hasta después de que, por un lado forjásemos una política de Estado responsable sobre el tema y lográsemos al menos agotar las instancias para resolver la objeción de UNESCO, que empezaba a entender que se basaba en una serie de malos entendidos. Ese era mi deber.

El Ministro de Turismo tuvo paciencia para explicarme que el proyecto no era un aeropuerto regional, para el cual no había un fundamento, si no un proyecto de desarrollo de un aeródromo turístico, para atender al Sitio Arqueológico de Copan. Me explicó también que el proyecto, que forma parte del Plan Nacional de Turismo Sostenible, no se podía construir a setenta kilómetros de distancia del Parque y setenta kilómetros de camino tortuoso sobre una topografía montañosa, con mas de doscientas curvas sobre abismos y continuos deslaves y hundimientos, especialmente porque entonces nuestro aeropuerto no podría competir con el guatemalteco, a siete kilómetros del Parque, al otro lado de una frontera que hoy ya es de libre transito, lo que pondría en precario a la industria turística nacional. Y me explicó al final el vínculo que el aeródromo tiene con el plan estratégico para desarrollar la industria sin chimeneas en la Costa Norte.

Me reuní asimismo con la comunidad local, con representantes de los chortis y con la cámara de turismo local y nacional así como con los alcaldes de los municipios del Norte de Copan (Cabañas, Santa Rita y Copan Ruinas) que –luego- en Asamblea de Poder Ciudadano han pedido que adelantemos el proyecto.

Agoté los estudios. Y me reuní con varios de los opositores del Proyecto también. Con Miguel Calix, que ha sido respetuoso si infidente y a quien llevé con otros altos funcionarios al sitio, a hacer una de varias inspecciones de ojo, sobre el terreno, para investigar los extremos del tema y los beneficios que podría acarrear el proyecto para el Patrimonio, que es lo que me toca a mi en lo particular como Presidente del IHAH y Ministro de Cultura. En todo ese proceso, he logrado comprobar que las oposiciones al aeródromo en Río Amarillo se basan en malos entendidos y no tienen fundamento en la defensa del patrimonio.

El consenso casi unánime de los arqueólogos (los Fash, Rene Viel, entre otros varios) es que el proyecto afecta mas bien positivamente al los vestigios arqueológicos rescatables, en cuanto permite proteger y desarrollarlos que tienen. Lo que nos permitiría no solo proteger al fin el abandonadísimo y valioso sitio de Río Amarillo si no que, además, nos permitirá organizar una ruta de visita mas prolongada a sitios como El Paraíso y El Cafetal, con lo que todo el patrimonio se vera beneficiado.

También he comprobado que el empecinamiento en obligarnos a construirlo en otro sitio supone igual o peor riesgo para vestigios arqueológicos en el Valle La Entrada así como riesgos que no deben correr nuestros visitantes. De modo que me convertí en un defensor del proyecto paradójicamente al mismo tiempo en que, de manera misteriosa, doña Armida de López, Vicepresidenta en la época en que se formuló el proyecto y que en aquel entonces guardó prudentemente su asentimiento se ha transformado en una apasionada opositora. Estoy comprometido a satisfacer todos los requerimientos de estudios que hace el organismo internacional, que tiene una competencia en cuanto que Copan Ruinas es Patrimonio Mundial todavía. Y comprometido a subsanar los defectos de los documentos anteriores, a cumplir con los términos y plazos que se nos han requerido para obtener su complacencia con la construcción en cuanto sea posible.

Ahora he repetido que soy un hombre de razón. Me rehúso a satanizar a quienes tienen una opinión contraria a la mía. Respeto siempre la discrepancia bajo la teoría de que se formula de buena fe. Pero quienes se empeñan en cabildear inconsultamente a otras instancias, pasando sobre la jurisdicción debida, dentro y fuera del país y aun en Lituania han pretendido eso si involucrarme con todas las personas que favorecemos el proyecto en “una obscura maniobra para hacer dinero”. El único argumento en efecto que se sigue sosteniendo en contra del proyecto después que ha recibido todas las licencias, es que, si se desarrolla los empresarios que lo desarrollen van a ganar dinero igual que los propietarios de las tierras. No es mi papel impedir que los empresarios ganen dinero. No me defenderé antes como he defendido a la Magistrada contra insinuaciones y rumores gratuitos. Investíguese cualquier interés personal que yo pudiera tener, y ofrezco mi renuncia si se me comprueba el más remoto beneficio personal que se me pudiera derivar de la construcción del aeródromo. Pero mientras sea Ministro defenderé la prerrogativa de Estado y el interés del país.

Mi deber hoy es defender este Proyecto. Entiendo a estas alturas que es una inversión de interés nacional, un proyecto benéfico para el Patrimonio, para el país y para nuestra gente. Esa es la opinión fundamentada que le comunico tanto a la UNESCO como al Presidente Manuel Zelaya, al PARLACEN y ahora para ser perfectamente transparente, al pueblo de Honduras.


Rodolfo Pastor Fasquelle

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